FORO OCÉANO DE LA TRANQUILIDAD y FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE KUNG-FU SHAOLIN
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ABAD AGUILAR. 2007 BILBAO. EXTRASENSORIAL Flechas a Ciegas

 
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Autor Mensaje
Sifú Jose M. Alvarez



Registrado: 11 Sep 2004
Mensajes: 56

MensajePublicado: Mar Abr 22, 2008 12:57 am    Título del mensaje: ABAD AGUILAR. 2007 BILBAO. EXTRASENSORIAL Flechas a Ciegas Responder citando

2007 BILBAO.
DISPARAR SIN MIRAR, SIN VER, SIN SABER DÓNDE SE ENCUENTRAN LAS DEMÁS FLECHAS Y CAZARLAS
Fenómenos y capacidades difíciles de definir, explicar o catalogar.


ACCESO A LA WEB OFICIAL. 5º ANIVERSARIO ALEMANIA
http://www.shaolinmonastery.org/cast/hist/05aniv01.htm






A todo el mundo.


Lanzar flechas a oscuras, ¡qué locura!
¿Pero alguien se cree que las leyendas son ciertas?

Yo siempre escuché esto en películas de maestros Samuráis, que alcanzaron la perfección Zen/Chan. También en viejas historias y leyendas de maestros que alcanzaban poderes sobrenaturales como fruto de alcanzar la perfección de los caminos del Tao, del Chi, del Zen, o tocados por Buda, o el dios de la guerra. Películas recientes como “Tigre y dragón”, o “Héroe”, o “Primavera, Verano, Otoño, Invierno” nos hablan de nuevo de los poderes místicos que alcanzaron los viejos maestros de leyenda. Tenemos referencias de estas perfecciones en leyendas como la del Rey Arturo, que era el único que podía arrancar la espada Excalibur de la Roca. Un mito, sin duda. Tenemos a Ulises, que disfrazado de mendigo regresó a su palacio, para defenderlo de las intrigas. Su mujer Penélope propuso casarse con el que pudiera disparar con el arco de su marido. Solo el mendigo lo consiguió. Un mito, sin duda.


2007 BILBAO, ESPAÑA.

La primera vez que vi lanzar una flecha “imposible”, como el maestro las llama, fue en nuestro pequeño monasterio de Bilbao, de Máximo Aguirre. A más de 30 metros lanzó una flecha desde las escaleras de la entrada hasta la diana del fondo. Sin embargo, para impactar en la diana, el maestro tendría que disparar por encima del tradicional “Tori”, que se encuentra franqueando la entrada de la sala de entrenamiento. Justo el travesaño superior horizontal, de 4 metros de largo, se encuentra entre el maestro arquero y la diana. A la izquierda una columna, a la derecha otra, el pasillo por el que ha de volar la flecha apenas tiene un metro y medio de ancho. A lo alto, desde la posición en la que el maestro se encuentra, tan solo dispone de tres centímetros de ángulo para poder lanzar la Flecha. Al fondo, el travesaño del “tori” en medio de la trayectoria. Un disparo imposible, sin duda, ya que no se puede ver el centro de la diana, ni se puede acceder a él directamente. En aquella ocasión, el maestro se dispuso a finalizar el lanzamiento de la tercera flecha, en la primera celebración de ceremonia de Arco que ha hecho en público en Bilbao. La primera sobre el incienso, la segunda desde el lugar de té del maestro. La tercera, un disparo imposible. Unos cuantos nos pusimos en el lugar de observación del maestro, para comprobar lo imposible del disparo. Cinco testigos detrás del maestro y en zona de seguridad, para verificar que el maestro lanza desde la posición imposible. El resto, unas treinta personas, aguardando dentro de la sala, pegados a la derecha del monasterio, pegados a los espejos. Todos contuvimos la respiración cuando el maestro tensó los músculos, inspiró y abrió el Arco.

Después de una fuerte exhalación, un zumbido en el aire, una sombra oscura volaba por la sala, y un seco pero agradable sonido llegaba desde la diana. La flecha llegó a su objetivo.

Todos pudimos comprobar uno a uno desde dónde lanzó el maestro, ya que nada se escondía. Nada se ocultaba, todo en mi maestro es transparente. Uno a uno iban pasando los que querían ver y comprobar. Aunque el maestro dedicó especial atención al equipo de alumnos llegados desde la delegación alemana. Con ellos estuvo por cortesía más tiempo.

Sigo sin entender por qué la gente no menciona este caso. ¿No lo vieron? Sí lo vieron. ¿No lo entendieron? Sinceramente, creo que no.


2008 BERLIN, ALEMANIA.

El otro día me encuentro en una nueva ceremonia, Alemania, quinto aniversario. Y de nuevo veo al maestro blandiendo su arco. Un poderoso arco de 70 libras de potencia. Esta vez el disparo parece fácil, la diana está frente a él y nada se interpone en su camino. Los 100 asistentes, entre alumnos y padres, están impacientes por ver lo que ocurre. Aunque la belleza de la imagen de un hombre, monje budista, con el torso medio desnudo, arrodillado, lo dice todo. Yo creo que es poesía y es Arte, la misma poesía que me regaló desde el desierto. Cuando juntos caminábamos por entre las dunas más espectaculares que yo haya visto jamás, en Egipto.

El arco se tensaba, junto al cuerpo de mi maestro. Yo tenía que disparar también con mi cámara, pero me quedé absorto, alelado, contemplando, y apenas disparé, algo me decía que no debía moverme, algo me decía que no era correcto, a pesar de tener permiso para ello. Seguro que luego me reprendería, pero creo que debía observar, no moverme y callar. Mostrar respeto por la ceremonia y olvidarme de mis obligaciones.

Las flechas llegaron una a una a un círculo de no más de 8 centímetros. Todos aplaudieron la puntería. Una puntería que se presuponía de un maestro Arquero. Sin embargo, el maestro interrumpió sus lanzamientos y pidió que se pusieran en el lugar en el que él mismo estaba arrodillado. Mientras, sonreía pícaramente. Cuando se sentaron en su sitio, “¡Oooh!”, se oyó. Desde su posición el maestro no veía el disparo de sus flechas. No se trataba de un efecto óptico, sino de lo tenue que estaba la luz de la sala. Fue tanta la estupefacción de la gente, que se formó sin querer en pocos minutos una cola de más de 30 personas que en fila ordenada y silenciosa se pusieron para ver esa proeza. Cuando se ponían en la posición, todos miraban y miraban abriendo más y más los ojos. Moviéndose a derecha y a izquierda oteaban, a través del corto espacio entre ellos y la diana, el horizonte de la nada, del vacío, del “no hay flechas, no se ven”. Gritaban con júbilo y con respeto, no uno sino todos. No hubo nadie que no se pusiera en la posición, que no jurara que era verdad, que el maestro no podía ver la posición de sus flechas. No sabía si acertaba o erraba. Desde la posición del que lanzaba, las flechas tan solo eran puntos oscuros de menos de 7 milímetros. En la oscuridad de la sala, aquellos puntos, contra la oscura piel de la diana, se volvían invisibles. Yo tuve que poner la cámara fotográfica en la posición máxima de sobre-exposición para captar un segundo de aquel momento.


Cazar flechas, sí, pero cazarlas sin verlas.

El segundo ejercicio fue más increíble. El maestro lo llama “cazar flechas”. Su alumno, el maestro Nadim Sarrouh, presidente de la delegación Alemana, disparaba en posición recta y frontal a la diana. En lo que sería una posición clásica, lanzando flechas. El maestro se retiró hacía atrás, al máximo de lo que la sala permitía, y en posición diagonal a unos treinta grados fuera de la línea de disparo.

Mientras el Maestro Nadim abría su arco, el maestro también, a cinco metros detrás de él. Cuando el maestro Nadim soltaba su flecha, solo medio segundo después el maestro soltaba la suya. Una tras otra, hasta agotar sus flechas. Cinco disparos cada uno, más o menos. El maestro disparaba sin apuntar, no había tiempo físico para hacerlo. El público dijo: “medio segundo o un segundo después el maestro lanza su flecha”. Era bonito verle disparar así. Es puro Chan, disparar sin ver, o disparar sin apuntar, intuir por corazón lo que la razón no puede comprender. Comprender sin la contaminación de mirar. Puro Zen/Chan.

Desde lejos parecía un desordenado agrupamiento de flechas, y nada hacía presagiar lo que el maestro nos estaba demostrando. Dijo: “desde vuestra posición no podéis ver lo que he dibujado” pero nadie se movía, nadie le comprendió, ni siquiera yo. Lo espectacular de sus disparos, parecían claros. No había agrupamiento, era imposible por la posición de los dos arqueros. Las flechas dibujaban una especie de ramillete alocado y sin sentido. El maestro disparaba muy certeramente sin apuntar, eso nos quedó claro a todos. Sin embargo el maestro insistió otra vez: “Que alguien se levante, vaya hacia la diana, se ponga sobre ella, mire hacia abajo y nos diga lo que ve”.

Tras unos segundos, fue uno de los padres el que se decidió a levantarse, ir y comprobar con extrañeza lo que el maestro decía. Se colocó sobre la diana y miró el dibujo de las flechas……
En ese momento el maestro le preguntó: “¿Por cuánto he errado el disparo?, ¿tres centímetros?”
Él regresó en silencio y cabizbajo a su sitio, señalando con sus dedos índice y pulgar un espacio que trataba de describir sin palabras el resultado de la hazaña. El espacio entre sus dedos no era superior a un centímetro.

Nadie entendió nada. Parecían desordenadas, sin sentido. ¿Cómo pudo adivinar el maestro Aguilar qué dibujo representaban las flechas? Si en el ejercicio anterior, como habíamos comprobado todos, el maestro no veía las flechas, aumentando la distancia empeoraban las condiciones. Si los demás veíamos un ramillete abierto, ¿cómo veía él el resultado final?

Pensaba que era poeta, pero me equivoqué, es Miguel Ángel, dibujando con flechas en tres dimensiones. Aunque él se encuentre a 20 metros, contemplando la escena en un solo plano horizontal. ¡Qué locura!
Sin tiempo para apuntar, sin ver, sin tiempo para pensar o decidir.

¿Cómo pudo disparar? No lo sé.
¿Cómo pudo cazar las flechas de su alumno? No lo sé.
¿Cómo pudo dibujar algo que solo desde una posición podría contemplarse, como los enigmas secretos?

No lo sé.
Solo sé que pusimos una luz y fotografiamos a contra luz ese mágico momento. No tiene explicación.

El maestro dice que solo es Chan. Ver el corazón de Nadim, antes de disparar, para ver incluso el error que cometerá, la desviación que sufrirá la flecha, y el lugar que su destino le ha marcado.

¿Pero eso es como leer su corazón?
¿Pero eso es como ver el destino?
¿El destino es algo futuro, que está por venir?
¿Él lo ve?
¿Pero eso es como dirigir el destino de las flechas del maestro al corazón de Nadim? ¡Qué locura! Cuánta perfección Chan.

¿Ulises podría hacer esto?
¿Quién?





José Manuel Álvarez
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Novicio Alex Villanueva



Registrado: 11 May 2005
Mensajes: 22

MensajePublicado: Vie May 02, 2008 7:42 pm    Título del mensaje: Responder citando

Estimados amigos

Quiero agradecer al maestro José Manuel Álvarez la carta escrita anteriormente por retratar tan fielmente la realidad, por devolvernos a esos momentos mágicos y por acercarnos aquellos en los que no pudimos estar.

Aun recuerdo el día que estuvimos en máximo Aguirre, en el 2007, todos sentados en silencio a un lado de la sala, con poca iluminación, expectantes. Recuerdo oír al Maestro tensar su arco, el sonido de la flecha cortando el aire y finalmente el impacto seco en la diana.

Un disparo que me parecería complicado de no existir las paredes, techos, columnas y un Tori custodiando la diana. Un disparo imposible. Un disparo que ya he visto en cuatro ocasiones.

Alex Villanueva
Edad 22 años.
Nacido en Basauri, residente en Galdakao.
Estudiante de Ingeniería industrial
Novicio del Monasterio Budista Océano de la Tranquilidad
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Novicia Mª Teresa García



Registrado: 21 Abr 2007
Mensajes: 12

MensajePublicado: Mar May 27, 2008 12:06 am    Título del mensaje: Disparo de flechas Responder citando

2007 BILBAO.
DISPARAR SIN MIRAR, SIN VER, SIN SABER DONDE SE ENCUENTRAN LAS DEMAS FLECHAS Y CAZARLAS
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Durante la celebración del 11º aniversario de la fundación de nuestro monasterio tuve la oportunidad de formar parte de la ceremonia de disparo. No se por que me eligió pero junto con dos compañeros más fuimos invitados como alumnos a formar parte de la tradicional ceremonia.

En ella, el maestro arquero, en este caso, especialmente nuestro Abad, el maestro Aguilar, lanzaría según nuestra tradición, tres flechas como señal de cumplimiento de nuestro más alto respeto como monasterio a las enseñanzas de Buda.

Las tres flechas son tomadas por tres alumnos y acompañan al maestro de ceremonias a su paso dentro del monasterio. Yo tuve el honor, de ser una de las portadoras de las 3 flechas que el Maestro disparó. Concretamente, portaba la segunda flecha.

La primera la portaba Amaia Urrutia.

El lugar del disparo fue a un lado del altar, cerca de donde está la cascada de luces. El disparo atravesaría el humo del incienso que habíamos encendido unos minutos antes en memoria del 11-M, para finalizar en la diana situada al otro lado del altar y en línea con éste.

El Maestro cogió el arco de manos de Maite Gorostiaga, la flecha de manos de Amaia y se dispuso a disparar. El sifu David González se encontraba en la trayectoria de la flecha, en el último momento decidió no moverse de su sitio. El Maestro abrió el arco y disparó, la flecha atravesó el humo del incienso, el altar, y se clavó en la diana.

La segunda flecha fue la mia.


Entregó el arco a Maite y le seguimos al segundo lugar de disparo, esta vez fue en el lugar donde el Maestro recibe a las visitas, su lugar de descanso, y quietud justo frente a la diana que se encuentra a unos ocho metros de distancia. Le entregué la flecha y me retiré, abrió el arco, disparó y la flecha salió volando hacia la diana.

La tercera flecha cerraba la ceremonia.

El tercer disparo lo realizó desde las escaleras que están en la entrada, las que bajan de la calle, éste es un disparo de una dificultad increíble, casi imposible. La flecha tiene que pasar una viga, el Tori o gran puerta de iluminación y varias columnas que están a lo largo de la sala de entrenamiento de Máximo, hasta llegar a la diana. Es imposible de describir por lo enrevesado de la posición de disparo, pero colocado en la misma posición del maestro, el punto de mira o apertura del disparo es de apenas unos centímetros, por donde pueda tener sitio la flecha para volar. Sin embargo aun recorriendo ese pasillo de tres centímetros, lo curioso de todo es que la columna del TORI principal sigue estando en medio de la trayectoria de la diana. Tendría que volar por encima del mismo y aterrizar otros 10 metros detrás para poder impactar. Sin duda el maestro lo describe muy bien, cuando lo llama un disparo imposible.

Recogió el arco de manos de Maite y la flecha de manos de Pilar, portadora de la 3ª flecha. Ellas se retiraron y el Maestro se colocó en el lugar de disparo. Nosotros nos encontrábamos en la sala de entrenamiento, en un lugar de seguridad, y sin estar cerca de la trayectoria de la flecha. Oímos como el Maestro abría el arco, dada la gran cantidad de fuerza que necesita para abrir un arco de 80 Libras de potencia. También oímos como la soltaba tras la última exhalación. La flecha atravesó la sala evitando las columnas, se oyó su silbido, y se clavó en la diana con un potente sonido. Impresionaba oírlo.

He tenido la oportunidad de ver este disparo tan espectacular, varias veces. Pero esta en la que he ido justo detrás del Maestro, en todo el momento en el lugar desde donde se realiza el disparo, me ha impactado de sobre manera a mi misma.

Después de la ceremonia del disparo de las 3 flechas, el Maestro ha realizado ese disparo varias veces, con motivo de situaciones o acontecimientos especiales. Uno de ellos, el maestro José M. Alvarez nos animó a que acudiéramos ante la invitación del maestro Aguilar para ser testigo del preciso momento de ese tercer imposible pero posible disparo. Una oportunidad de estar justo detrás de la posición del maestro subido a las escaleras a tres metros detrás de nuestro maestro.

Fuimos tres las personas al final elegidas de entre los que solicitamos tal honor y respeto. Dani y Pablo Úbeda y yo misma. Nos colocamos unas 3 escaleras por encima y detrás de la del Maestro, en una zona de seguridad. El Maestro cogió aire, abrió el arco y disparó, la flecha salió segura, firme hacia la diana, atravesó la sala de Máximo y fue hacia la diana, donde se clavó.

Como ya he dicho, el lugar por el que tiene que pasar es muy estrecho, de apenas 3 ó 4 centímetros, formado por arriba, por una viga del techo; por abajo, el tori; a los laterales, dos columnas que se hayan dentro de la sala de entrenamiento, y al fondo, la diana, cuya visión queda tapada por una de las columnas. En realidad la diana no se ve. Bueno si se ve, pero solo un tercio de la misma., Y la mitad de la diana esta partida por una viga en la mitad del recorrido de unos 15 metros. Así que uno cuando se pone en esa posición no acierta a adivinar por donde vuela la flecha.

Todavía estoy impresionada por como puede hacer un disparo por una apertura tan estrecha y sin ver la diana.

Yo no lo puedo explicar, sólo puedo contar lo que he visto, lo demás escapa a toda explicación lógica. Simplemente, lo hace.



Teresa García
Novicia del Monasterio Budista Océano de la Tranquilidad
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Fundador Huang C. Aguilar



Registrado: 17 Abr 2007
Mensajes: 39

MensajePublicado: Lun Jun 23, 2008 1:00 pm    Título del mensaje: Responder citando

2008 BERLIN.
DISPARAR SIN MIRAR, SIN VER, SIN SABER DONDE SE ENCUENTRAN LAS DEMAS FLECHAS Y CAZARLAS
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Estimados alumnos:


Es un nuevo placer dirigirme a todos vosotros. Tanto a los que conozco como a los que no conozco. Especialmente a los que no conozco, a aquellos que sé que me escuchan y sobre los que se están produciendo ya trasformaciones en su manera de ver las cosas.

Por supuesto, espero que un día no muy lejano las barreras que impiden el acercamiento de todos vosotros a mí sean poco a poco superadas. Tiempo, disponibilidad, horarios incompatibles de trabajo, responsabilidades familiares, problemas económicos, o simplemente indecisión, dejando por último a aquellos que, por contaminación o incultura, no comprenden nada. Contaminación que les hace a algunos ni siquiera plantearse venir a ver una clase, venir a una conferencia, venir a una ceremonia abierta o ni tan siquiera leer con atención las hermosas palabras de los muchos escritos, de las muchas y muy sinceras experiencias dadas aquí por alumnos que me conocen personalmente.


El arco

Un pedacito pequeño de nuestra historia como Monasterio. Y lo es por ser la primera ceremonia realizada desde que abrimos sus puertas. La primera de las ceremonias que espero se realice cada año, para convertirse con los años en una tradición, transmitida de maestro a maestro, en el futuro.

Fue como la inauguración del Monasterio Océano de la Tranquilidad. Yo disparo con arco ya desde hace 23 años. Desde siempre atraído por su majestuosidad, su simpleza, su simbolismo, y por su finura y elegancia.

Cuando, más adelante, empecé a estudiar Budismo, pude con satisfacción ver que el arco estaba presente también en las historias de Buda. El arco fue usado por Buda para realizar la enseñanza de su ministerio. Esto me hizo seguir disparando como maestro y como Budista.

Sin embargo, como todo maestro Budista, tengo mis propios caminos. Y planteo en mis enseñanzas y en mis caminos mis propios conceptos, reflejos de mis conocimientos y visiones. Por eso decidí crear la primera ceremonia de Arco y Flecha, única en el mundo. Uniendo las más antiguas tradiciones para el budismo, recapitulando, embelleciendo si es posible, y realizando de manera única dicha ceremonia por primera vez en el año 2007. Disparar tres flechas, en esas direcciones, en esos ángulos y con esas cargas de profundidad, es un concepto propio de mis conclusiones budistas, guerreras, románticas y tradicionales, aportadas al Monasterio Océano de la Tranquilidad. Es uno de mis regalos a él.


El alumno

Al fin y al cabo, cuando decidí apuntarme en mi primera escuela Marcial o Budista la intención no era otra que la de aprender los grandes secretos místicos que hacían mover el motor de los grandes guerreros de la historia. Fui para aprender, para que un maestro me enseñara. Y eso es lo que ha ocurrido, un maestro me ha enseñado y he aprendido. Ahora, como maestro, no hago sino devolver lo aprendido al siguiente alumno, el que acude a mí.


Alemania

En realidad, en Alemania ocurrieron tantas cosas, las cuales creo que se están diciendo poco a poco en el foro, que creo puedo empezar a vislumbrar que el hecho de disparar a ciegas, o el de disparar con una flecha y clavarla justo sobre otra, no son sino dos nuevos símbolos y señales del destino, del cielo o de alguien superior, que trata de mostrarme a modo de síntesis cuál es mi camino ya andado. También se me pasa por la cabeza que aquello simplemente fuese una manera de concentrar una vez más en una sola acción toda la tensión que se iba a generar durante ese mes en Alemania.

El mecanismo del arco es muy simple. Por eso me fascina. Se abre un arco y se coloca toda la tensión en el canto de una pequeña vara. Se concentra la atención en el destino y se deja que el espíritu de la intención conduzca la flecha por el aire. Nada más difícil. Casi un imposible.

Antes de que empezaran a suceder tantos acontecimientos en Alemania, antes de que empezara a demostrar públicamente cómo paralizar personas, cómo leer la mente, transformar personas, derribar durezas en el corazón de las gentes, aliviar enfermedades, etc., realicé el primer disparo.

Primero coloqué toda la tensión de mi energía en mi arco, mi cuerpo. Luego la apoyé en una flecha. Flecha que, durante el siguiente mes, serían mis brazos, canalizadores de la energía. Una vez hecho esto, me concentré en el destino, la diana. Ese destino es el alumno. En el primer disparo o ceremonia, clavé una flecha sobre otra. Es un símbolo de acierto, de corrección, de saber haber encontrado la palabra correcta, de algo que va más allá de simplemente “dar en la diana”, un símbolo de acertar en el centro, en el corazón del todo.





Disparar a ciegas

Es todo un símbolo en el Budismo Chan/Zen. Cuando un maestro dice palabras tan hermosas como “conducir con el espíritu la flecha a su destino”, creo que entendemos cuál es su significado. Es decir, entendemos que se trata de una metáfora que trata de alertar a los hombres de que detrás de toda acción debe haber una intención. Y de que, si esa intención es encontrada y correcta, la flecha volará justo al centro de la diana de tu vida. En occidente hay un dicho: “Ten cuidado con lo que deseas…” Es, al fin y al cabo, otra manera de decir lo mismo.

Sin embargo, cuando estas cosas son dichas por clérigos, filósofos, hombres de iglesia, etc., todos entendemos que no se nos está diciendo que ellos lo consiguen, sino que ellos se han dado cuenta de cuánta verdad hay en esas sabias y maduradas palabras. Por esto, cuando se habla de la tradición Budista Guerrera, cuando se dice en las leyendas que los grandes maestros que alcanzaran esa comprensión suprema serían capaces de disparar a ciegas, sin apuntar, sin ver la diana, y acertar de pleno en ella solo con haber deseado llegar a su centro, nos están hablando de la iluminación, o del entendimiento.



Mi disparo a ciegas en Alemania

Aquel día esperé a que el seminario terminara. Tras lo cual me dispuse a disparar con las luces apagadas dentro de la sala de entrenamiento. Algo habitual, si me conoces, ya que en la escuela de Bilbao, zeN4 Costa, lo hago casi cada noche. Como siempre, hay alumnos que se quedan rezagados. Estos no son los vagos o lentos, sino los que no se quieren marchar a casa o no quieren olvidarse de lo vivido en la sala de entrenamiento. En este caso, el Gimnasio Randori de Charlotenburg, Berlín.

Cuando se prepararon la diana y las protecciones correctas para poder disparar, mi alumno Nadim Sarrouh me pidió disparar a mi lado. Yo tan solo quería disparar en silencio y a solas para relajarme, concentrarme en el vacío y meditar mientras disparaba sobre lo que había sucedido durante el curso. Poder preguntarme por qué mostraba tanta energía estos meses. Por qué se me desbordaba, y por qué los alumnos se caían a mi paso, sin apenas tocarlos. Por qué sus mentes me parecían de cristal transparente. Tan solo quería aislarme para darme un tiempo a mí mismo. No quería hacerlo un año después en ningún desierto, en otro país, quería hacerlo allí mismo.

Como siempre, como maestro no quise rechazar al alumno. Decidí posponer mi meditación y atender a mi alumno para que pudiera pasar un agradable momento. Así que nos pusimos juntos a disparar. En seguida, puesto Nadim a mi lado, me dijo sorprendido: “Desde aquí no puedo disparar, maestro”. Y es que él no había percibido, antes de sentarse a mi lado, que desde mi posición no se veía apenas la diana, Además de que la distancia a ella era muy grande para él. Se colocó entonces apartado de mi trayectoria, pero a mitad de camino entre la diana y la posición donde me encontraba yo. Desde ese punto, él comenzó a disparar primero. A mi derecha estaba Nadim, a mi izquierda y a mi espalda estaban unos quince alumnos sentados a los que se les había solicitado silencio y absoluta inmovilidad.

Cuando Nadim disparó por primera vez todos se dieron cuenta de que sí veían la diana haciendo un esfuerzo, pero no veían dónde había impactado Nadim en ella, simplemente porque la flecha se perdía en la oscuridad de la sala. Así que dije para todos: “Bien, esta es una situación envidiada por un maestro. Alcanzar una flecha que no se ve en una diana que apenas se ve en una sala a oscuras, en una escuela a la que acudo como invitado, el Randori”. Abrí mi arco y dije: “Creo que la flecha de Nadim está por….. por….. ¡¡¡por AHÍ !!!”, y en el mismo instante de soltar el aire para pronunciar la palabra “ahí”, solté los dedos para dejar deslizarse la flecha por el aire. Esto lo repetimos tres, o cuatro, o cinco disparos más. Cada vez que decía “¡¡¡por AHÍ!!!”, exhalaba aire y aflojaba la tensión sobre mis dedos para liberar la siguiente flecha.

Terminada la última flecha lanzada por Nadim, nos levantamos y fuimos a ver el resultado. Mi curiosidad solo era superada por la de mi propio Alumno Nadim. Cuando nos acercamos los dos para comprobar qué había sucedido, ambos nos quedamos sin palabras. Yo solo pude decir: “¿Se lo mostramos a los demás?” Nadim no dijo nada, solo miraba de lado a la diana, a las flechas y a su maestro, por lo que tuve que ser yo quien invitara a todos a que se levantaran y vinieran a ver el dibujo que se había realizado en la diana. Todas las flechas habían alcanzado su destino. Cada flecha lanzada por Nadim era cazada por una mía a escasos dos o tres centímetros de error.



Para no encender las luces y romper la penumbra, el autor de la foto, Nadim, tuvo que acercar unas velas para poder crear un contraluz y poder apreciar lo que se había alcanzado. Luego retiramos de nuevo las velas para seguir.

Lo siguiente que hice fue permitir que cada uno de los alumnos se colocara de rodillas en el mismo punto desde donde yo había disparado. Su sorpresa era más que palpable. No se veía ninguna flecha, la oscuridad lo impedía. En otras ocasiones solo habría permitido a un alumno que se sentara, para que después lo contara a los demás. Pero últimamente no acierto a entender por qué mis alumnos no cuentan casi nada. Así que decidí cambiar de táctica. Rompí la belleza de lo ocurrido, el momento único en mi vida en el que de nuevo había alcanzado algo espectacular, y decidí que todos los testigos fueran notarios de lo sucedido. Para que mis enemigos o mis alumnos no pudieran argumentar los miles de cuentos y estupideces que esgrimen para intentar explicar al mundo que no hice lo que hice. Así que, de uno en uno, coloque a todos en la posición desde donde disparé.

Tristemente, tengo que decir que, pasados dos meses de este hecho, prácticamente ninguno de ellos ha dicho nada sobre ello. Y dicho de la manera más limpia posible, que es con nombres y apellidos, en una carta firmada por ellos mismos.

Por lo que lo que hice quedará tan solo en una leyenda. En algo que se exageró, en algo que no sucedió. En algo que no fue.

A menudo los espías, los enemigos de un maestro se introducían en su castillo como miembros de sus tropas o como sus alumnos. Quizás es a ellos a los que no les interesa contar lo que vieron, más que a nadie. Para que el mundo no sepa lo que soy capaz de hacer. Quizás la próxima vez que dispare lo haré frente a los que no estuvieron allí.

Realicé un segundo intento para descartar que fuera la fortuna la causante de dicho disparo. Así que realicé lo mismo dos veces. Esta vez, en lugar de disparar a las puntas de las flechas de Nadim, disparé a las colas de las mismas. Es decir, a las plumas. El disparo fue igualmente acertado, igualmente hermoso.

Esta vez la dueña de la escuela y maestra del Randori estaba sentada a mi lado. Por mi propia invitación ella se había sentado justo a mi lado, justo detrás de mí. Eran las doce de la noche y todavía seguíamos en su escuela, en su casa, por lo que me pareció la mejor manera de disculparme y agradecerle que me permitiera estar hasta tan tarde enseñando. Junto a ella, uno de los profesores del centro. Ambos fueron por un momento mis invitados. Ambos pudieron ver cómo lanzaba desde la oscuridad a la oscuridad. Buscando flechas que no se veían, en una diana que apenas se podía ver. Los tres nos encaminamos juntos por la sala, para ir a ver el resultado. El ambiente en total penumbra era quizás lo más hermoso. Más que el nuevo acierto de mis disparos.

Ella decía “¡Increíble!, ¡increíble!”. Yo la invité a que volviéramos e intentara disparar el arco. Con mucha decisión regresamos. Su intención no era disparar, solo sostener el arco en sus manos. Tan solo eso. Cuando intentó abrirlo se sorprendió de su fuerza, no pudo con él. Era normal, son más de ochenta libras de potencia.

Tanto ella como el instructor hablaron entre ellos en alemán, yo no les entendí. Pero sonaba muy educado, delicado y hermoso. Justo antes de marcharse vinieron de nuevo a mí, y me dijeron: “Gracias, maestro Aguilar, por esta demostración”.

En realidad, fueron los únicos que lo agradecieron. Sus caras de humildad y agradecimiento eran en sí mismas una expresión de sinceridad y de gratitud.

En realidad, soy yo quien te tiene que dar las gracias a ti, Petra Faster. Gracias a ti, por permitirme estar en tu casa hasta tan tarde. A esas horas que serían como las tres o cuatro de la mañana para una escuela en España. Gracias por permitirme estar en un ambiente tan adecuado, tan bonito, tan pacifico, y al que considero una gran escuela Marcial. Gracias a estar en la casa de otro maestro donde poder haber lanzado flechas.

Flechas certeras que no han ido sino a alcanzar mi propio destino.
Alcanzar a las leyendas.

Gracias, Petra.






Sifu Huang C. Aguilar
Abad del Monasterio
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Novicio Alex Villanueva



Registrado: 11 May 2005
Mensajes: 22

MensajePublicado: Mie Jul 09, 2008 3:56 pm    Título del mensaje: Responder citando

A todo el mundo:

En el pasado seminario de Chi Kung de los días 5 y 6 de Julio del 2008, impartido por el Maestro Huang C. Aguilar, una vez más son muchos los acontecimientos ocurridos que debemos calificar como extraños o directamente incalificables. Aunque en esta ocasión este curso, seminario, o enseñanza ha sido, inesperadamente, de una increíble relevancia en la historia del ser humano.

Estamos sin duda ante un Maestro que es una Leyenda en vida. O que incluso ha rebasado a muchas de las leyendas del pasado.

En esta ocasión fuimos más de 90 las personas asistentes al seminario, junto con los espectadores de la exhibición, abierta al público, alrededor de 100 personas las que a modo de testigos, las que a modo de notarios, podemos narrar y confirmar lo que allí ocurrió.

Más de 90 asistentes que somos testigos en vida de todo lo que allí ocurrió. Más de 90 ángulos desde los que se vieron todos los hechos. Más de 90 ideologías, con sus distintas formaciones, sus distintas maneras de ver la vida. Más de 90 seres humanos que tienen una historia para narrar.


Como en las antiguas leyendas lanzando Flechas en la oscuridad. Disparos Chan/Zen.






Tres flechas disparadas en 15 segundos, cada una con menos de un segundo desde que se tensó el arco hasta el disparo, a 10 metros de distancia aproximadamente, con un arco de 80 libras, tres flechas que impactaron en la oscuridad en un circulo de 1 cm. de diámetro, es decir, que estaban las tres tocándose unas con otras.

Eso es lo que ocurrió, dicho de la manera más exacta que conozco.

Justo cuando hicimos una pausa en el seminario, justo después de una explicación teórica sobre cuál era la energía que se movía en el Chi Kung, justo después de una pregunta por parte de uno de los presentes, un Profesor de Física o Astrofísica, sobre la naturaleza de esa energía, justo después de que alguien le preguntara si esa energía era energía de curación. Justo cuando nos levantamos para salir de la sala y empezábamos a salir, el Maestro nos solicitó nuestra atención dos minutos y nos regaló estos disparos.

Nos dijo: "Mí energía no es la de la temperatura de las manos para curar, sin embargo cura", y dijo: "La energía de los que curan, como Jesucristo y otros homólogos, ¿puede hacer que sean capaces de cambiar la trayectoria de flechas en el aire, lanzadas sin conocer su destino?"

Nos sentamos cerca de él, y tomó su potente arco de 80 libras, fue a la diana y arrancó tres flechas y se fue al lado opuesto, a 10 o 15 metros, situándose en el lugar reservado para tomar té. Las luces estaban apagadas y tan solo la luz que venia de fuera y la luz decorativa nos permitía vernos y ver la figura del maestro. Sin embargo, nadie veía con claridad la diana.

Mientras se arrodillaba y colocaba las tres flechas al alcance de su mano, mientras se retiraba las mangas para no tropezar con la cuerda, nos dijo a todos lo que iba a hacer. Dijo : “No apuntaré, puesto que no se ve dónde apuntar, no necesitaré horas para concentrarme, y desviaré las flechas con mi energía. Las lance donde las lance, vayan donde vayan, yo pediré a la segunda que se dirija donde está la primera, y a la tercera donde esta la segunda. Las doblegaré en el aire e impactarán donde yo quiera. Sin conocer ni siquiera dónde las he lanzado puesto que no veo, les diré que se unan en la diana. Ese es mi deseo”.

Es más, ni siquiera sale reflejado en los libros. En las leyendas de arquería chan/zen se habla de maestros que un día realizaron una acción fuera de lo común, que tras una gran concentración podían alcanzar cosas que un simple arquero no podía llegar a realizar, proezas realizadas en momentos especiales, de gran concentración, de gran tensión, debido a que la vida del arquero o de su hijo estuviera en sumo peligro, o casos similares. Tuvimos la oportunidad de ver en persona algo que solo se puede leer en los libros como literatura romántica, ya que sale de toda realidad posible.

Disparar con un arco con semejante potencia ya es algo sumamente complicado. Dispararlo sin ver dónde impactan las flechas, tal y como comprobaron cuatro asistentes personalmente, colocándose en el lugar desde donde había disparado el Maestro, ya es una locura. Agrupar flechas sin ver dónde han impactado las anteriores, ya no sé cómo catalogarlo. Hacer una agrupación total, estando las tres flechas pegadas, paralelas, tocándose, es un imposible de imposibles.

Pero ahí no acaba la locura, es que mientras el Maestro Huang C. Aguilar estuvo disparando las flechas nos estaba hablando, diciéndonos que le mirásemos para que viéramos cuánto tiempo tardaba en disparar, que mirásemos si apuntaba o no, que lo comprobáramos y analizáramos todo, en lo cual insistió varias veces, es decir, que sabía que no todos le estaban haciendo caso, no solo estaba disparando, estaba atento a sus alumnos, seguía pendiente de nosotros mientras realizaba uno de los ejercicios más complicados que ningún ser humano ha sido capaz de realizar. Hablaba, explicaba, pedía atención, sugería que se le analizara, que se contaran los segundos, todo ello mientras con toda la elegancia del mundo abría y disparaba.

O dicho de otra manera, nuestro Maestro vive constantemente en ese estado que, según se se relata en las leyendas, los grandes maestros alcanzaban solo en determinadas ocasiones, ese estado al que llegaban solo en una situación límite, como cuando su vida corría peligro, o tras una intensa concentración, jamás mientras hablaban con sus alumnos enseñándoles tranquilamente. Leyendo en la mente de alguno y concentrando también su atención sobre la apertura del arco.

Cuando lanzó las tres, nos dijo: "He concentrado el disparo en la oscuridad, ¿vamos a comprobarlo? Necesitaremos cinco o seis voluntarios. ¿Puede salir cualquiera?"

Tras los disparos invitó a que se acercasen varios de los asistentes, quienes quisieran, a ver de cerca las tres flechas.

Un chico se levantó, creo que de Huesca, se acercó, fue a la diana y el Maestro le invitó a que volviera y nos contase qué acababa de ver. Su reacción lo dijo todo, no pudo hablar, se quedó con la mirada perdida ante la petición de su Maestro de que contase lo que había visto. El Maestro entonces le dijo que indicase con las manos el tamaño del agrupamiento que acababa de ver. El alumno bajó la mirada, puso la mano sobre su estómago, entonces cerró su dedo pulgar sobre su índice, formando un círculo, y se quedo mirándolo. A lo que el Maestro le tuvo que pedir que nos lo enseñase a nosotros, ya que él estaba conmocionado por lo vivido y no reaccionaba, y el círculo se lo estaba mostrando a él mismo. Su cara lo decía todo antes de que supiésemos el nivel de precisión de los disparos. Así que alargó un poco la mano, separó su brazo de su estómago y nos mostró el circulo que había formado. Era como el anillo de boda de cualquiera de nosotros.

Hubo un extraño silencio, en un segundo hubo una explosión de alegría, en un segundo hubo una expresión de entender la broma de nuestro maestro. "¡Pero hombre, enséñanoslo a todos, no solo para ti¡"
Yo creo que ese momento, ese silencio, esa alegría, estupefacción, plenitud o lo que fuera que vivimos un grupo de personas que llegamos casi a la centena, es algo que no se puede describir, y espero que me ayuden todos y cada uno de los que allí estaban a hacerlo. Fue revelador. No era el maestro hablando, no era el maestro explicando quién era, qué era su energía o cuáles eran sus capacidades, sino la gente, las personas diciendo quién era él, qué era, y qué significaba lo que había pasado.

A continuación fueron pasando uno a uno los demás. Se levantaban del sitio, salían de entre el grupo, iban a la diana y regresaban para contárnoslo. Iban alegres y curiosos, regresaban con el gesto alargado, regresaban con el gesto serio, hacían el mismo gesto con el rostro y con las manos. Traían un círculo pequeño, muy pequeño, entre sus dedos.

A continuación el maestro pidió otros cinco o seis voluntarios para que se colocasen en el lugar del disparo. Así lo hicieron, Loreto, Jesús… Cuando se arrodillaron y miraron a lo lejos a la diana, dijeron: "Puedo ver que hay una diana al fondo en la oscuridad, pero no veo ninguna flecha, está demasiado oscuro". A todos ellos se les animó a que se levantasen y a que caminaran en línea hacia la diana. A todos ellos los detuvo a seis metros, la mitad. Y les dijo: ¿Veis las flechas ahora? Ellos miraron con más atención y dijeron “No”. Siguieron avanzando hasta situarse a un metro, tomaron las flechas con sus manos y se quedaron sin palabras. Regresaron y se sentaron en el grupo. Ahora las caras del grupo, como la mía quedaron totalmente…. No se puede explicar. Dije… “Diooos”, a pesar de que no creo en él. Se me escapó la expresión, pero creo que no fui el único que dijo algo parecido. Uno a uno, los que salieron para comprobar si se veían las flechas o no, dijeron lo mismo.

Es en verdad una locura, puesto que es una realidad.


Aparatos electrónicos. Influencia del Maestro sobre ellos

Ya en numerosas ocasiones hemos contado cómo cada vez que el Maestro mueve gran cantidad de energía los aparatos electrónicos a su alrededor se rompen o se vuelven locos. Ordenadores, discos duros, móviles, teléfonos fijos…

Este seminario no fue una excepción.

El sábado a la noche, tras la celebración del más alto ejercicio de Chi Kung que creo jamás el maestro haya hecho en su vida, generar Chi y dárselo a la gente, uno a uno a mas de 50, recibí una llamada de Carlos Mora, el maestro encargado de la expedición de Barcelona. Nos pedía ayuda, puesto que se encontraron con que las luces de la sede de Costa no funcionaban. Nada pudimos hacer, sino indicarle por teléfono que buscara las cajas de registro e intentara una verificación de todos los sistemas, o si no que llamara a urgencias-averías. Al final lo pudieron resolver. Los automáticos generales habían saltado. Tras varios intentos volvieron a funcionar correctamente. Todo el día la escuela de Costa había estado vacía, ya que todos estábamos en la escuela de Máximo tomando parte en el seminario.

Me acordé de que tras la visita de Javier Sierra y su equipo de grabación de Antena 3 televisión, en Agosto del Año pasado, estuvimos un día entero sin luz en la escuela de Costa tras hacer el Maestro Chi Kung. ¿Os acordáis? Yo sí, tiemblo ahora mismo al pensarlo.

También el proyector que teníamos preparado para la proyección de un documental dejó de funcionar, por la noche fue el maestro quien lo apagó, y a la mañana siguiente simplemente no encendía, tuvimos que usar un segundo proyector para la proyección del vídeo. Ahora mismo se encuentra en la empresa de alquiler, y nos dirán en pocos días cuál es su avería.


Desvanecimientos de las personas que rodean al Maestro.

Begoña Hormaechea y el propio Iñaki Prieto nos han contado cómo este último se cayó al suelo en presencia del Maestro de manera totalmente inexplicable, tal y como él mismo nos narra. Algo que suele ocurrir en torno al Maestro habitualmente, que la gente se desvanezca en su presencia.

Como personas lógicas que somos, cuando nos mareamos o nos fallan las piernas de esa manera lo achacamos a cualquier otra cosa, nos cuesta reconocer que eso ha ocurrido por consecuencia del Maestro.

Iñaki Prieto.
Iñaki no es un esotérico que cree en ninguna locura, es un hombre adulto que vino buscando kung fu, un cinturón azul bien entrenado que ha querido buscar algo más en un seminario después de todo lo que ha oído de su Maestro. Por ello, cuando le ocurrió, su mente lógica encajó todo en que se le había dormido la pierna, en que no había nada de extraño.

Sin embargo, su reacción ante el hecho de que se le “durmiese la pierna” fue:

1. No entender por qué solo le había pasado a él, cuando, si fuese por agotamiento, mucha gente más debería haber estado en el suelo mucho antes que él, teniendo en cuenta el nivel de entrenamiento de cada uno.
2. Contar lo ocurrido a sus compañeros más cercanos.
3. Pedir consejo médico a una estudiante de medicina durante 15 minutos.
4. Pensar en ir al medico, ya que notaba falta de fuerza en la pierna y estaba muy preocupado.
5. Reconocer la gran cantidad de calor sentida al posar la mano el Maestro sobre él.
6. Poner la mano sobre la gente para comprobar que, efectivamente, el calor del Maestro no era para nada normal.
7. Recuperarse en un minuto sin notar ninguna clase de cosquilleo, típico de la recuperación de una pierna dormida.

Cuando se vio contando todo esto en voz alta ante sus compañeros se le salieron los colores, y él mismo iba pensando: "Si solo pensaba que estaba dormida, ¿por qué quería ir al médico?"

No es ni la primera vez que la gente se desvanece alrededor del Maestro, especialmente cuando está enfadado o hablando muy profundamente de Buda, ni la primera que alguien lo intenta explicar de alguna manera lógica para que su mente no se rompa.


Karlos, alumno de Kung Fu de la sede de Costa:
Una semana después de lo ocurrido con el instructor 3º Dan Iñaki Monterverde,
http://www.shaolinmonastery.org/foros/viewtopic.php?t=1446
también en clase de kung fu, mientras realizaban ejercicios frente a la figura de Tamo que hay en la escuela de Costa, el Maestro se encontraba explicando técnicas y cogió a Karlos como asistente.

El Maestro apenas le tocó y la clase no fue especialmente dura, sin embargo uno o dos minutos después Karlos comenzó a marearse y tuvo que arrodillarse.


Marco, alumno de la Delegación Alemana:
En Alemania, durante el seminario de Kung Fu de la celebración del 5º aniversario, el ahora Novicio Marco se desmayó, se puso blanco como la leche y se cayó al suelo sin mediar un esfuerzo físico excesivo ni ningún otro factor externo.

Posteriormente supimos por él mismo que Marco estaba todo el rato pensando en el Maestro, por lo impresionado que estaba con él, y que el Maestro estaba pensando en ese momento en Marco, en privado nos dijo por qué y me lo probó, pero quedará, por privado, en la intimidad.


Mi propia experiencia:
Hace algún tiempo, tras el tercer seminario de Berlín, nos juntamos en una reunión varios novicios y alumnos junto al Maestro, el cual estaba muy enfadado. En esta reunión una de las asistentes se desmayó y hubo que meterla al Kwon hasta que se encontró mejor. Dado que estaba enferma, se lo achacamos a su enfermedad, pero cuando hablamos entre nosotros vimos que solo fue la primera en caer por encontrarse la más débil, ya que la mayoría de los asistentes tenían síntomas similares, algo parecido a un mareo.

Hablando de ello un día frente a la puerta de la sede de Máximo, 7 u 8 personas estuvimos comentando lo ocurrido, todos, a excepción de Begoña Hormaechea y yo, decían tener los mismos dolores y mareos desde hacía tres semanas. En un momento dado, mi pareja, la novicia Aintzane Artabe, dijo en voz alta: “Tú también llevas tres semanas con dolor de cabeza”, a lo que yo contesté: “Ya, pero eso es porque he cambiado de marca de lentillas”, absolutamente convencido. Al decirlo en voz alta me di cuenta de lo ridículo de lo que estaba diciendo, teniendo los mismo síntomas que los demás y teniéndolos desde hacía el mismo tiempo.

Cuántas veces nos habrá pasado, y lo habremos relacionado con estar demasiado tiempo trabajando con el ordenador, o con cualquier otra cosa.


Recuperaciones físicas y espirituales.

Durante el seminario, no solo durante la ofrenda de Chi Kung sino a lo largo de todo el seminario, el Maestro regaló una gran cantidad de energía, al igual que en el seminario anterior, en el que con tanto cariño nos narró nuestro compañero Rafael Bergaretxe cómo se sentía en una carta escrita en este foro:

http://www.shaolinmonastery.org/foros/viewtopic.php?t=1429

También recuperamos daños físicos en su presencia, yo mismo puedo contar lo que me ocurrió en el seminario anterior y en este.

En el anterior seminario de Chi Kung, el día antes tuvimos examen de grados por lo que tuvimos que combatir, y en mi caso tuve un fuerte golpe en la pierna. Tenia tanto dolor la mañana del seminario, me costaba tanto caminar, que a punto estuve de no ir. Aun así, por el deseo que tenía de asistir, me metí como pude en el coche y fui hasta allí.

Cuando el seminario comenzó y tuvimos que empezar a ejercitarnos, al abrir a la posición de Ma Pu apenas podía colocarme, algo que puede corroborar el maestro Carlos Mora ya que se encontraba a mi lado. Tras dos horas de seminario dejó de dolerme, y no he vuelto a saber nada de ese dolor.

Hace meses que arrastro también otra dolencia, pero no ha sido hasta estas últimas semanas cuando realmente me ha empezado a dar problemas. He tenido muy dolorido el canto externo del pie derecho. Y digo "he tenido", porque tras el seminario lo encuentro prácticamente recuperado.

Hace una semana, cuando corríamos en clase de Kung Fu lo hacía con mucho dolor, y al día de hoy tan solo noto unos pequeños pinchazos.


Ofrenda de Chi Kung. Más de 50 solicitudes. Sin lugar a dudas un acontecimiento histórico.

Si bien he visto hacer cosas increíbles a mi maestro, esta es la más grande. Creo que no todos son conscientes de lo que ocurrió y de su significado. Todos están pendientes de ver cómo hace casi milagros con las flechas, cómo paraliza a personas, o cómo estas se desvanecen, o se curan, o cómo te lee el pensamiento. Todos ven solo los resultados, las acciones terminadas, el final de las flechas, el impacto, concentrado o no, de un disparo.

Tomando las palabras de mi maestro
Pero creo que nadie ha dicho todavía lo que significa esto, que no es un final, no es una curación, no es una paralización, no es una lectura de mente, ni es caminar sobre el fuego, ni es doblar lanzas.

El Maestro dice:
Esto es un comienzo. Esto es el inicio. Esto es la llamada. Esta es la contestación fervorosa de decenas de personas que, obedeciendo al corazón después de haber sido vencida la razón, se levantan y hablan. Y con su movimiento hablan y dicen a todos que las cadenas han caído rotas a sus pies. Ya no necesitan que nadie les diga, o que interpreten por ellos. Ya sus mentes pueden hablar por ellos mismos.

No todos sabían en qué consistía lo que se les había dicho. El maestro regalaría su energía a todo aquel que creyese la necesitaba. En ese momento ni siquiera yo como novicio sabía qué significaba esta acción, ya que jamás la había visto antes.

Ahora lo sé, y al pensar en ello me embarga la emoción. Es una ceremonia de ofrecimiento de Energía, o de la energía del maestro Aguilar, a la humanidad.

Es una ceremonia que, creo, ningún templo, ni budista ni no budista, puede realizar. Al menos, no con una persona viva, Quizás lo hagan con una reliquia que se dice perteneció a tal o cual santo. O a un pedazo de roca arrancado de la cueva de Bodhidharma, o ante la espada, copa, montura, o tumba de algún noble Santo. Pero no ante una persona viva.


Más de 50 personas solicitaron ser tocados por el Abad de nuestro monasterio en dicha ofrenda, quien durante aproximadamente 2 horas estuvo regalando su Chi o su energía a todo el que quiso recibirlo. Personas adultas que eran conscientes de lo que hacían, personas que decidieron ponerse en las manos del Maestro. Algunos, enfermos, llegaban desde fuera, otros eran desconocidos para nosotros. Todos con respeto y silencio.

Muchos de los que se pusieron, y digo muchos, por no decir todos, tendrán una historia que contar, una razón por la que una persona se coloca para ser tocado por nuestro Maestro, y una consecuencia de haber sido tocado por él. Historias que sé que muchos de ellos contarán en los próximos días en este foro, rompiendo su privacidad personal, seguro.

A lo largo de toda la ofrenda todo el mundo estaba tranquilo, calmado o llorando de la emoción, niños muy pequeños con una extraña tranquilidad y serenidad, personas adultas llorando en público a pesar de no ser habitual. Gente que salía después de ser tocada por el maestro llorando, o gente que salían como tambaleándose, o gente desorientada, algunos se alejaban y permanecían en un rincón del monasterio, algunos regresaban como podían, otros lo hacían con una cara de inmensa felicidad. Fue humanamente indescriptible.

Algunos tenían que alejarse y ocultar sus lágrimas, tapándose con las manos, mientras todo aquello nos hacía tener un nudo en la garganta, por lo menos a mí.

Cuando el padre elevó suavemente a su hijo hacia el maestro, creo que todos nos quedamos con la boca abierta. Cuánta confianza. Cuando el niño se calló, giro la cabeza, abrió los ojos, y extendió el brazo tratando de tocar al maestro y este le tomó con su mano……. ¿Quién puede decir algo ante esto? Quien no diga nada tiene congelado el corazón. A mí se me paró.

Un momento en el que ocurrieron muchas más cosas de las que pudimos ver, un momento que ya forma parte de la historia del hombre, un momento en el que un Maestro ha llegado a donde nadie más ha podido llegar.



MI OPINIÓN SOBRE EL SIGNFICADO, SIN PRETENDER OFENDER A NADIE.


¿Qué puede decir el Vaticano de una persona así? La historia de la Virgen de Fátima es una historia contada por tres niñas de 10, 8 y 6 años, y le dan la veracidad que le dan. Pero lo que ha alcanzado el Maestro hemos podido verlo 90 adultos solo en el último seminario.

Noventa personas viendo cómo se desvían las flechas en el vacío, hasta alcanzar la reunión perfecta en la diana. Noventa personas diciendo que ha habido una extraña sensación durante todo el seminario, de profundas emociones, de sentir por dentro que algo les ha pasado a todos, pero que no pueden describirlo.

En cada uno de los últimos cursos ha habido más de un caso excepcional, Samia, Aintzane, y otros, flechas a oscuras, pisar fuego etc. Así que, haciendo un cálculo por lo bajo. 90 personas, de testigos ayer, más 30 en el de pisar fuego, más 30 en el de tocar con una pala la lengua, 40 paralizando al maestro José, y seguimos, 30 aquí, 50 allá, más 35, más 40, más 25 en el halo en España, más 40 más 60. más, más, más, más la televisión grabando como testigos, más miles de personas en polideportivos viendo demostraciones del maestro Aguilar sobre lanzas, etc……

¿Cuántos llevo? ¿Y tú como alumno que solo has estado en una ocasión, crees que hablas bien del maestro Aguilar, tu maestro, si dices por ejemplo: "Yo solo puedo hablar de lo que he visto, de lo demás no puedo hablar"? Estás llamando mentiroso a tu maestro, en el resto de las ocasiones en las que tú no has estado presente. ¿Llamas mentirosas a las personas que han estado en las decenas de ocasiones en las que tú no has estado?
¿Prefieres que ellos te llamen a ti mentiroso, porque ellos no han estado en el curso pasado?

¿Por qué restáis importancia a todo lo que hace el maestro Aguilar? ¿Por qué todo lo que hace o consigue lo referís a la pequeña órbita de vuestra vida? ¿Por qué la vida de alguien la medís con respecto a vuestras limitadas experiencias y vidas? ¿Por qué tratáis de medir algo, o negáis algo si no habéis estado?

Por qué no contáis al mundo por lo menos lo que ha ocurrido. Sois 90 personas más o menos. Espero ver 90 mensajes, hermosos, como lo fueron los rostros de todos. 90 mensajes de agradecimiento al maestro, como así lo expresasteis a él persona. Para que las personas que no dudan de vuestra honradez puedan conocer de vuestro testimonio lo que hace el maestro Aguilar. Quién es y a cuánta gente puede ayudar.

¿Cómo podrán catalogar todo lo ocurrido?

¿Cómo llamarán a alguien que, cuando mete la mano en una pecera, los peces se acercan tranquilamente a su mano?

Y quiero preguntar ¿qué explicación darían a todo esto algunas religiones y líderes religiosos?........, ¿Más de uno diría: "Dios puso al Maestro Aguilar para probar vuestra fe"? ¿Cómo vais a engañar al mundo en esta ocasión? ¿Lo taparéis, ocultaréis, eliminaréis? ¿Lo atacaréis? ¿Lo negaréis?

Sinceramente, espero que no. Ojalá más gente se acerque al Maestro y pueda vivir lo que muchos hemos vivido. Es algo que se lo deseo a todo el mundo.

Gracias, Maestro, por tu dedicación,
gracias por darnos todo lo que tienes,
gracias por regalarnos todo lo que nos has dado.
Gracias por llegar hasta la extenuación de tu propio campo energético o tu propio campo de humanidad, por nosotros.
Gracias por vaciarte para nosotros.

Gracias por todo, Maestro.

Alex Villanueva
Estudiante de Ingeniería.
Novicio del Monasterio Budista Océano de la Tranquilidad.
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Monica Fernandez



Registrado: 04 May 2008
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MensajePublicado: Mie Jul 16, 2008 5:22 pm    Título del mensaje: Responder citando

Buenas tardes a todos;


El pasado día 5 de julio acudí a las 19:30 horas a la escuela de Máximo Aguirre Nº 12 para ver la demostración del Maestro Juan Carlos Aguilar dentro del programa del Seminario de Chi Kung que se impartía ese fin de semana.

Cuando fui descendiendo las escaleras de la escuela vi cómo el Kwon estaba abarrotado de gente, serían fácilmente unas 100 personas las que estarían dentro y unas 10 o 12 permanecimos afuera, pero justo en la entrada del kwon. El ambiente que se respiraba era de paz, sosiego, calma total, como si allí dentro el mundo y sus problemas se hubieran paralizado, como cada vez que está el Maestro impartiendo una de sus clases.

Al llegar me coloqué, como comento, en las escaleras que están junto a la entrada de la sala de entrenamiento, inmediatamente me percaté de que había un hombre con un bebé en sus brazos, yo no le conocía y pensé que tal vez era alumno de algún centro de Vizcaya, Huesca o Barcelona (de donde se han desplazado alumnos para participar en el Seminario), instintivamente miré al bebe, por respeto al ver que no gozaba de buena salud preferí no tocarle ni preguntar nada sobre él.

El Maestro desde su lugar de Meditación lanzaba flechas hacia la diana que está al final del kwon, a unos 10 metros de distancia de donde él se encontraba, no miraba el punto hacia el que disparaba ni dejaba de hablar mientras lo hacía. Invitó a quien quisiera a acercarse para ver la exactitud con la que había dirigido las flechas hacia la diana, todas juntas en un pequeño círculo. Creo recordar que fueron cuatro personas las que voluntariamente salieron a comprobarlo, y tuvieron que colocarse justo delante de la diana para poder verlo, puesto que la visibilidad de la sala provenía tan solo del exterior. Al comprobar la precisión con la que se habían colocado todas juntas, estas personas sonreían sin saber qué explicación ofrecer.
Se nos invitó a los que estábamos afuera a pasar a la sala, el Maestro lanzaba, como comento, las flechas sin mirarlas, en plena oscuridad, yo no podía, por más que lo intenté, ver el trayecto de la flecha, tan solo podía verla tensada en el arco del Maestro y después cuando impactaba fuertemente en la diana.

Momentos después iba a tener lugar la demostración del Maestro , sobre la que inicialmente he hecho referencia, para lo cual se colocó la alfombra roja que se suele colocar en las ceremonias.

Por fin llegó la demostración de quizás uno de los más grandes maestros de Chi Kung del mundo. Alguien que toca con la lengua un hierro al rojo vivo, camina sobre el fuego, dispara flechas a oscuras o es capaz de tocar a la gente con los ojos vendados, realizaría hoy un ejercicio de gran tradición, llamado “ Camisa de Hierro” Una lanza de gran longitud y grosor se colocaba entre el maestro Aguilar y un alumno. El canto de la lanza en los pies del alumno y el filo de la hoja de la lanza, en la tráquea del maestro. Llevaba, por lo que sabemos sus alumnos directos, dos semanas haciendo Chi Kung especialmente para este día. Cuando respiró por última vez un fuerte crujido sonó mientras el maestro se tiraba literalmente con su tráquea para como si quisiera atravesarse, y retar a la lanza. Esta se doblegó, y cedió, sobre su espalda le colocaron ladrillos de gran tamaño. Con fuerte golpe un alumno golpeó con otro ladrillo de gran peso sobre los ladrillos de la espalda y todo el conjunto explotó sobre el maestro. Quien, finalizado el ejercicio, se apartó y la lanza quedó allí doblada.

Había visto anteriormente realizar este ejercicio durante la grabación que tuvo lugar el verano pasado en Máximo Aguirre, cuando un equipo de Antena 3 televisión se desplazó a Bilbao para grabar el trabajo del Maestro, yo estaba muy próxima al presentador Javier Sierra y pude ver su cara de estupor al contemplar este ejercicio. Sin embargo quisiera resaltar que el Maestro una vez más nos sorprendió al colocarse en una torsión imposible sobre la lanza, estaba literalmente encima de ella, yo pensaba que iba a partirla en dos.

De hecho, en esa grabación que tuvo lugar en verano, una de las personas que formaban parte del equipo de Javier Sierra, un hombre corpulento de gran tamaño y peso, trató de comprobar la consistencia de la lanza tratando de doblarla y no consiguió que se doblara ni un ápice, con lo cual me refiero a que no se trata de una lanza precisamente moldeable. Cuando se le rompieron los ladrillos el Maestro dejó caer la lanza al suelo, esta estaba completamente doblada.

Como una peregrinación, llegó gente de todas partes a recibir la energía del maestro

Momentos después llegó para mí uno de los instantes más hermosos, el Maestro que se encontraba en el centro en posición de Meditación pidió a su asistente que se acercara y le comentó algo, enseguida supimos de qué se trataba, el Maestro Aguilar quería regalar su Chi Kung a todo el que quisiera recibirlo, y pidió a su alumno que lo transmitiera, ya que el Maestro Aguilar no quería salir de su estado de concentración.

El número de personas que se iban colocando en la fila para ser tocados por el Maestro iba creciendo por momentos, llegando creo que incluso a superar las 50 personas, cada una de ellas se iba colocando frente al Maestro y este les acercaba sus manos hacia diferentes zonas de su cuerpo, brazo, corazón….. como si en esas zonas viera que necesitasen ser tocadas por algo (por supuesto, esto es algo subjetivo que yo pienso).

De pronto me emocioné especialmente, el hombre que había estado a mi lado con su bebé en brazos entró inmediatamente, como si profundamente hubiera estado esperando a que ese momento pudiera llegar, por respeto todas las personas que se encontraban en la larga cola que en pocos minutos se había formado le cedieron el lugar, la confianza con la que este hombre acudió con su hijo hacia el Maestro fue para mí muy hermosa.

El padre, al salir fuera no pudo contener la emoción y nos empezó a decir que su hijo no veía y no oía. Lo que al principo de conocerle fue una absoluta discreción sobre el estado de su hijo, se convirtió en un momento en que el padre hablaba y hablaba sin ninguna privacidad sobre lo que le pasaba a su hijo. No especificó el grado de ceguera ni sordera, pero siendo tan bebé, imagino que ni siquiera los médicos son capaces de determinarlo. Eso sí, nos comentó que era prácticamente nula. No hacía nada más que hablar emocionado y muy, muy alegre, o mejor, agradecido porque este hombre hubiera querido poner las manos sobre su hijo gravemente enfermo.

El rostro de cada una de esas personas al levantarse parecía lleno de felicidad, como si algo maravilloso hubiera sucedido dentro de ellas, algo único de contemplar. Cuando yo me marché de Máximo Aguirre serían aproximadamente las 21:00 horas y el Maestro continuaba regalando su Chi Kung.


Impregnación de algo en el Aire, durante los dos días.

La jornada de puertas abiertas del domingo 6 de julio comenzó a las 8:00 horas con una meditación matinal como la que se celebra cada primer domingo de mes a las 11:00 horas, entré con mi cojín de meditación al kwon y tuve una fuerte sensación de algo tremendamente especial, sentí como si toda la sala estuviese impregnada del Chi Kung, del Chan del Maestro Aguilar. Me coloqué en primera fila ya que mi compañera Maite así me lo indicó. Cuando terminamos, unos 45 minutos más tarde, la meditación y abrí los ojos, lo que vi creo que lo guardaré en mi corazón para siempre. Al contemplar al Maestro en posición de Meditación, no era la primera vez que lo había visto en esta posición pero sentí un escalofrío.

En ese momento, no se explicar la razón.

Tras unos instantes hubo un descanso para salir a desayunar o permanecer sin más en el Monasterio. Como recientemente escuché a mi compañera Begoña comentar, en este Seminario hasta el vestuario estaba más ordenado y apenas había turnos de espera para el baño, como es habitual cuando acude un número tan elevado de personas, parece que hasta en eso el Seminario hizo todo especial, el ambiente era único. Yo cuando llegué el domingo tuve esa sensación.

Más tarde se visualizó una proyección documental, como siempre todos nos quedamos boquiabiertos al escuchar la conferencia que tras esta impartió el Maestro, es asombroso que una persona que apenas supera los cuarenta años albergue tantísimo conocimiento sobre temas de diferente índole, ya sea física, matemáticas, etc.… parece que más bien estuviéramos frente a un anciano de 100 años, me quedo con la cara con la que uno de los niños de 10 años de edad que vino al Seminario desde Barcelona con su madre miraba al Maestro mientras este hablaba, era un poema….



TRES MESES ANTES MI EXPERIENCIA PERSONAL

Quisiera añadir algo más, hace unos meses mientras se estaba celebrando una reunión en la escuela de Particular Costa nº 9, tras estar unas dos horas escuchando hablar al Maestro Aguilar me desvanecí.

Yo había oído antes que en algunos casos la energía del maestro se le desborda, y que si en esos momentos estás cerca, puedes tener sensaciones de mareo, algunos se caen al suelo sin motivo. O se rompen las máquinas más sensibles, etc.

Aquella noche yo participaba en una reunión de cinturones negros, novicios y personas avanzadas de Chi Kung. Aquella noche el maestro hablaba a todos de Buda, de los años que el maestro llevaba enseñando los caminos de Buda, lo duro que era, la incomprensión en muchos casos por la formación cultural de algunos, y lo enfadado que estaba por las constantes batallas que a veces ocurrían dentro de la organización. En un momento se puso muy serio, y enfadado, y dijo que quizás no enseñaría más, y que se marcharía de este país, cuando me desvanecí.

Tuvieron que meterme en el kwon, yo en ese momento me encontraba enferma y creo que por mi debilidad fui la primera en caer, pero muchas de las cerca 20 personas que nos encontrábamos allí comentaban que habían tenido sensación de mareo. Oscar, mi pareja y alumno desde hace 12 años del Maestro, me comentó más tarde que él mismo se sentía tan mareado que a punto estuvo de caerse, casi al mismo tiempo que yo, y que solo el instinto de protección al ver que yo me caía impidió que él se desvaneciera también, él me sujetó en el aire.

El Maestro saltó desde su silla y me cogió en brazos, en “volandas” me metió en el kwon y me trató de manera muy humilde, cubriéndome con abrigos y elevando las piernas y algo más que no supe interpretar. Ya que había una enfermera de profesión, Teresa, y el maestro le estaba diciendo las diferencias de tratamiento según la medicina oficial y la medicina que él aplica. Desde aquí quisiera aprovechar para agradecer los cuidados que me proporcionó, ya que de hecho interrumpió de inmediato la reunión para atenderme.


UN MES ANTES MI EXPERIENCIA PERSONAL

Tiempo después ocurrió para mí algo muy sorprendente, y ocurrió hace aproximadamente un mes y medio. Acudo a las clases de Chi Kung los martes y jueves a la escuela de Costa, como he comentado antes he estado un tiempo enferma, y uno de los martes de esa semana me había encontrado mal, había sentido durante todo el día sensaciones de mareo y de malestar, no obstante no me había planteado no acudir al entrenamiento. Sin embargo, cuando entré en la sala de entrenamiento el Maestro nos mandó colocarnos en posiciones alternas de comienzo, con las manos en Tantiem y con los ojos cerrados, esto último no podía hacerlo ya que me mareaba tan solo al tratar de cerrarlos, supongo que tan solo habían pasado unos minutos desde que habíamos comenzado la clase pero a mí me parecieron horas, sabía que en cualquier momento iba a no poder resistir la clase. Sé que mi comportamiento no fue correcto, ya que no había avisado al Maestro de que no me encontraba bien, pero lo cierto es que creía que iba a poder entrenar a pesar de sentirme enferma , sin embargo en seguida me di cuenta de que no…..

Una vez más pude constatar que el Maestro nos conoce sin necesidad de mediar palabras, y sé que percibió mi enfermedad, por momentos cada vez que escuchaba su voz o se iba acercando hacia la zona donde yo me encontraba, me iba sintiendo mejor. Lo hizo por detrás de todos nosotros. Sé que estaba a un metro por su voz, finalmente cerré los ojos, fue en ese momento cuando noté un fuerte calor dentro de mí, sin embargo nadie me estaba tocando, ni tan siquiera rozándome, me pareció sentir que el Maestro estaba muy próximo a mí pero por respeto, a pesar de lo que estaba sintiendo, no abrí los ojos. Luego, más tarde, me dijeron compañeros que esperaban fuera, para la siguiente clase de Kung-Fu, que el maestro se había puesto detrás de mí con las palmas de las manos hacia mí, a un metro de distancia, con sus ojos cerrados durante tres o cinco minutos.

Tras ese breve momento de intenso calor, recuerdo que minutos más tarde el Maestro nos mandó colocarnos en posición de Jinete forzado y yo pude mantenerme en esta posición, el Maestro me animó a bajar la posición. No era normal, a mi juicio, yo llevo varios meses enferma y débil, acudo a clase de Chi Kung por recomendación de mi maestro y porque después de cuatro años haciendo Chi Kung sé que me viene muy bien, tanto anímicamente como físicamente. Y sé que esa tarde fue una de mis peores tardes. Y sin embargo, tras dirigir el maestro Aguilar sus manos a distancia, sin tocarme, sobre mi espalda o cabeza, según me dijeron, pude hacer ejercicios de Chi Kung que hacia una año que no me atrevía o podía hacer. Sé que es gracias a lo que lo que él me había dado….. no sé lo que fue, no sé lo que había sucedido, pero algo había ocurrido dentro de mí para encontrarme de repente llena de fuerza, sin rastro de mareos o de malestar. Cuando salí de la clase yo misma creía estar viendo en mí a otra persona diferente a la que había entrado, estaba completamente recuperada, me sentía pletórica. ¿Qué había hecho en mí este hombre…..?


Nuestra sociedad está llena de charlatanes ávidos de lograr fácilmente lucrarse económicamente con la debilidad psicológica de las personas, todos ellos se autodenominan expertos en Chi Kung, Tai Chi Chuan, etc., y te prometen que en un mes vas a ser tú también un experto, en mi opinión son expertos en picaresca o malicia, en engaño, y especialmente desde que soy alumna del Maestro Aguilar me molesta y me ofende la existencia de este tipo de picaresca. Frente a esto y diametralmente opuesto, se encuentra en el mundo el Maestro Aguilar, es como si en una tierra tremendamente árida, brotase una flor. Para mí la grandeza del Maestro no reside en su currículum profesional (repleto de éxitos, premios… logrados tras más de 30 años de duros esfuerzos, sacrificios y lesiones, tal y como hemos podido saber), que por supuesto valoro y admiro, sino en su talla como ser humano, es alguien único, irrepetible, puro…alguien capaz de calmar con la paz de sus ojos nuestros corazones.


Gracias, querido Maestro.


Mónica Fernández Bengoa

Alumna de Meditación.
Alumna de Chi kung.
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Iratxe Villar



Registrado: 12 Abr 2008
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MensajePublicado: Mie Jul 16, 2008 5:27 pm    Título del mensaje: Responder citando

Hola a todos

Soy estudiante de medicina, por lo que creo que mi opinión aun no siendo la de un medico titulado si espero sea bien recibida como una personas instruida en ciencia, concretamente en la que atañe al igual que mi compañera Leire Tellería, a la ciencia del Cuerpo. Es decir Medicina, en cualquiera de sus ramas y especialidades.

He sido uno de los 90 testigos que estuvieron en el seminario de Chi Kung el 5 y 6 de julio del 2008. He realizado seminarios de todo tipo junto a nuestro maestro Huang C. Aguilar, tanto en Bilbao como en otras ciudades, e incluso otros países. Pero por alguna extraña razón, los últimos seminarios realizados tanto en Alemania (Meditación Chan, el 26 y 27 de abril) como en Bilbao (Chi Kung, el 2 y 3 de febrero y el 5 y 6 de julio), han dejado una extraña sensación, una marca en mi interior que no soy capaz de explicar.

Me remitiré a los hechos que más me han impactado en este último seminario:


Caso 1 (un bebé en brazos de su padre):

Durante la exhibición de Chi Kung y el especial Chi Kung del maestro Aguilar que realizaron la noche del sábado 5 de julio, me pareció oír llorar un bebé fuera del Kwon, al mirar hacia fuera vi lo que en aquel momento me pareció una muy bonita estampa, un hombre con su hijo en brazos. Sin embargo, me quedé mirando un rato aquella imagen, había algo extraño en ellos, el hombre parecía preocupado y el niño no tenía la posición propia de los niños recién nacidos, acurrucado en brazos de su padre agarrado a las ropas, como es propio de los niños de esa edad; estaba más bien tirado en brazos de su padre, con un llanto como desganado, como sin fuerza, lo cual me llamó mucho la atención. Ahora, leo la carta de Begoña Hormaechea y veo que no sólo no tenía fuerza en el llanto, sino que, además, no respondía a estímulos externos como los juegos o las carantoñas que le hacían, lo cual es, si cabe, aún más extraño.

Fuimos varios los que fuimos a hacer carantoñas al niño y vimos que no respondía de manera natural, por respeto no preguntamos al padre que sucedía, pero era evidente que esto no estaba bien. El niño no te miraba, o miraba por suerte, no te oía, o se movía o te tocaba por casualidad, por fortuna.

Y más extraño es, tras conocer esto, lo que sucedió después.

Tras las demostraciones de Chi Kung delante de tantisima gente el maestro permaneció concentrado más que nunca. Se colocó en su posición de maestro y Abad. Desde donde realizaría la ceremonia de ofrenda de chi kung oficiada por el Maestro Huang C. Aguilar en nombre del Monasterio Océano de la Tranquilidad. A aquellos que lo solicitaran, por lo que se formó en profundo silencio una larga cola desde la posición del Maestro en el altar, rodeando el Kwon por detrás de las columnas, hasta la puerta de entrada al Kwon. Yo me encontraba en la zona de los espejos, entre dos columnas, lo cual me dejaba un campo de visión bastante bueno para ver lo que hacía el Maestro. El Maestro fue atendiendo a todos los que quisieron recibir su energía, los cuales se arrodillaban en completo silencio uno a uno, y a cada uno lo trataba de una forma distinta (imaginé que, sin necesidad de hablar, el Maestro detectaba aquello que les hacía mal y les trataba de la forma que cada uno necesitaba). En el Kwon nadie hablaba. El silencio y una paz que nunca antes había sentido reinaban aquella noche en toda la sala, en cada uno de los presentes.

El padre, con su hijo en brazos, estaban en la fila, esperando pacientemente su turno. Sin embargo, la organización pidió a los que estaban delante de ellos que por favor se les dejara pasar por lo que todos les cedieron amablemente el paso. El hombre llegó a la altura del Maestro se arrodilló y levantó un poco a su hijo en dirección al Maestro. De repente el niño abrió los ojos, miró al Maestro y tendió una de sus manitas en dirección a éste, no para agarrarlo o para coger sus ropas o algo que llamara su atención, sino una mano extendida, como ofreciéndosela para que el Maestro se la estrechara, y así lo hizo, con sumo cuidado cogió la mano del bebé mientras con la otra, la puso sin tocar el cuerpo del bebe, pero sobre él, para inundarle con su energía. Justo medio segundo después, el niño tuvo un espasmo, con una mueca de dolor encogió las piernas y retiró la mano. Parecería que algo le estaba tocando o algo le había tocado por dentro, quizás calor, nadie sabe qué, nadie podemos afirmar qué, pero por lo que más quiero en mi vida que eso era lo que parecía. El maestro permaneció arriba, mirando pacientemente al niño, estaban a una distancia de poco más de medio metro. Enseguida se le pasó y volvió a relajarse y a extender la mano en dirección al Maestro, quien volvió a cogerla y a tratarle, en el momento en que lo hizo, el niño sufrió otro espasmo igual que el anterior, pero esta vez se quejó un poquito y el Maestro dio por finalizada su sesión. Saludó al padre, quien le devolvió el saludo con la reverencia más profunda que pudo sin que su hijo sufriese daño, se levantó y salió por la zona por la que nos encontrábamos, por detrás de las columnas en la zona del espejo.

No me atreví a preguntarle como estudiante de medicina por cuestiones técnicas, diagnósticos, por la enfermedad del niño etc, creo que ni siquiera hubiese podido hablar en aquel momento. A mi lado una chica lloraba, al fondo otra, y varias personas se cubrían la cara con las dos manos. Fue muy, emocionante, nadie quiso hablar. Pero todos sentimos un fuerte escalofrío no en el cuerpo, sino en el alma. No lo podemos probar, pero mi lógica como persona, mis entrañas como mujer, y mi corazón como ser humano me decían que ese niño fue tocado por el maestro Aguilar. Mi conocimiento académico, mi formación médica, no puede sino callar, y permanecer en silencio. Yo me esforzaba por no llorar. Me levanté y me fui hacia atrás, donde estaban mis compañeros de Kung Fu, Iñaki y Axel. Refugiándome como muchos en una zona menos pública, por que la emoción era demasiado fuerte.

Ahora entiendo como académicos como Sebastián Bab, matemático profesor de la Universidad de Berlín, en ciencias lógicas y de computación, dijera que la ciencia no puede dar ni nombre ni explicación a lo que es el maestro Aguilar. Ahora entiendo que la Psicóloga Ekaterina Fedorova, Doctorada por varias Universidades de Rusia y Alemania, dijera que tras su examen como profesional sobre el maestro Aguilar solo podía dar un diagnostico, y es que no encontraba ni explicación, ni se podía encajar en ninguna parte del conocimiento del campo de la mente. Como así lo hizo también el profesor de Física o astrofísica, al decir que la flecha impactada sobre otra flecha, ejercicio realizado en Berlín, delante de muchísimos testigos, y como experto en materiales, solo se podía calificar de una manera. Como un hecho “absolutamente extraño” ya que escapaba a las leyes de la estadística y de la matemática. O a lo conocido por como rompen los materiales. Yo por mi parte científico medica, diré que no es normal que un niño tenga ese comportamiento por dos veces, escapando a las leyes de la casualidad.


Caso 2 (flechas en la oscuridad):


En la mañana del domingo el Maestro nos dio unos minutos de descanso, pero nos llamó para aclararnos algunas dudas. Cogió su arco, cogió 3 flechas y mandó colocarnos a una distancia prudencial, pero suficiente para poder verle mientras disparaba. De nuevo pude colocarme en un lugar desde el que podía verle perfectamente, aunque desde mi posición no se veía la diana a la que disparaba. Mientras disparaba nos iba hablando sobre su energía, que es capaz de dirigir las flechas sin verlas, incluso es capaz de dirigir las flechas de tal manera que, disparando desde las escaleras, son capaces de sortear las columnas de la sala de entrenamiento y clavarse en la diana, todo ello, no lo olvidemos, con un arco de 80 libras. No entiendo de arquería, pero no imagino lo que puede resultar tensar un arco de 80 libras (según tengo entendido, especialmente diseñados para cazar rinocerontes), y menos aún apuntar con él, disparar y juntar tres fechas en un mismo punto con precisión milimétrica a más de 10 metros de distancia.

En varias ocasiones tuvo que llamarnos la atención porque se nos iba la vista a la diana y nos repetía una y otra vez que le mirásemos a él mientras disparaba, para comprobar cuanto tardaba en apuntar o si hacía algo antes de disparar. Lo que vi, el Maestro tensaba el arco y disparaba, no tardaba ni tres segundos en soltar la cuerda. Nois hablaba a nosotros y apenas miraba a la diana. Cosa que aunque hiciera dada la oscuridad apenas veía. Lo que no veía seguro eran las flechas, ya que nosotros estábamos más cerca y no las veíamos.

Tras disparar las tres flechas, sacó a un chico al azar y le pidió que le acompañase a la diana para ver donde se habían clavado las flechas. Al volver, le pidió que nos dijera como estaban las flechas y el chico fue incapaz de hablar, incapaz de articular una sola palabra o sonido, tenía la mirada perdida, como asombrado, incapaz de reaccionar por lo que había visto. El Maestro le volvió a insistir, el pobre chico seguía igual, buscando palabras para definirlo. Al final el Maestro le dijo que nos lo indicara con las manos y él, tras un rato mirando la forma que había formado con la mano (a lo que el Maestro tuvo que volver a insistirle que nos lo enseñara a nosotros, que si no, no podíamos verlo), nos enseñó su gesto, un anillo no muy grande, de uno o dos centímetros de diámetro, lo justo para que entraran 3 flechas pegadas las unas a las otras. Los cuerpos de las flechas estaban pegadas unas a otras.

Después de este chico el maestro nos invito a que quien quisiera se levantase a ver las flechas, cinco personas más fueron y todos coincidían con su descripción. Hubo un momento de euforia, expectación alegría que no puedo describir. Aquello escapa a las normas de la arquería, de la lógica, y sobre todo que ver en realidad algo que has oído que ha hecho el maestro por dos veces en Alemania, es solo posible describirlo en mi como “shock”, pero positivo. Me quedé paralizada.

A continuación no satisfecho con ello, sacó a otros cinco y le permitió que se pusieran en la posición desde donde el maestro había efectuado los disparos, y todos ellos coincidían en que desde allí no se podían ver las flechas, que estaba demasiado oscuro ya que el Kwon, en aquel momento, se encontraba con una baja iluminación propia de las clases de Chi Kung o meditación.

En especial recuero a una alumna, Loreto a la que el maestro la tomo por la mano para arrastrarla en dirección a la diana. A su pregunta, ¿qué ves? Loreto decía nada. Cuando avanzaron 3 metros, la misma pregunta, ¿qué ves? Loreto decía nada. Cuando avanzaron a la mitad del recorrido, la misma, ¿qué ves? Loreto decía nada. Cuando avanzaron 8 metros, la misma pregunta, ¿qué ves? Loreto decía nada. Cuando se situaron a dos metros, de la diana Loreto dijo ahora las veo. Sin embargo el maestro le dijo ¿Las ves las tres? Loreto dudo y dijo no una por aquí, El maestro la tomó la mano y la acerco a esa flecha, la cerro la mano alrededor de la flecha. En realidad no era una sino tres clavadas en el mismo punto. Unas pegadas a las otras. La cara de Loreto fue maravillosa, se le encendió la cara, se la lleno de alegría de sonrisa, mientras el maestro le decía ya puedes ira a tu sitio. Y contarlo. En realidad todos estábamos viendo la escena ya que al finalizar el disparo con arco todos estábamos mas cerca si cabe, conversando y viendo lo que decían cada uno de los que salían al medio. Loreto decía, “es increíble, es increíble, no puedo decir otra cosa”. Como así lo dijeron los 10 que salieron al medio, aunque fuimos unos 90 que lo presenciamos.
http://www.shaolinmonastery.org/foros/viewtopic.php?t=1470&sid=7afb37a97ce5dff8c2cf200b4280630e

A continuación nos enseño la flecha que se había clavado una sobre otra en la ceremonia de inauguración en Alemania. Una estampa que nunca olvidaré. Una flecha clavada dentro de otra de forma caprichosa, se insertaba unos doce centímetros. El material roto dibujando como ondas simétricas y concéntricas. El Maestro pidió a “Ray”, un profesor de física especializado en materiales que le calculase la probabilidad que había de que eso sucediera y éste le dijo que los números no servían en este caso, que habría que ponerle tantos ceros que acabaría perdiendo su valor, que lo único que se le ocurría decir era que es muy, muy difícil conseguirlo. La palabra técnica era Debemos catalogarlo como un fenómeno absolutamente extraño”, no puedo decir más, dijo a todos, mientras se le veía muy serio, yo creo al oírse a si mismo. O al ver la flecha y quizás al recordar lo del vuelo de las tres flechas hacían unos instantes o al ver como la gente se desvaneció al ver algo quizás en si mismo, no se sabe, pero su cara se iba trasformando. En alguna ocasión cubrió con sus dos manos su rostro. Creo que yo interprete que como hombre de ciencia, como profesor de física aquello no era posible, y sin embargo lo estaba viendo como nos ha ocurrido a muchos de los que allí estábamos.


Caso 3 (desvanecimientos inexplicables):

Este caso le guardo en la memoria con especial cariño, ya que es el caso de uno de mis compañeros de Kung Fu, Iñaki Prieto, con el que llevo entrenando ya 2 años.

Durante las pausas de la mañana del sábado Iñaki, Axel y yo solíamos estar en un rincón que hay en la zona de los espejos. Al entrar los maestros tras la primera pausa de la mañana, comenzaron a colocarnos en filas para comenzar con unos ejercicios de Chi Kung. En ese momento, el Maestro Huang C. Aguilar miró hacia la zona en la que nos encontrábamos y llamó a un tal Jesús, sin embargo, Iñaki levantó la vista y se dirigió muy decidido hacia él diciéndole que no se llamaba Jesús, sino Iñaki. El Maestro sonrió y le pidió disculpas mientras le indicaba donde colocarse, en la zona central del Kwon. Después el maestro me indicarón que me colocara detrás de Ander, que estaba justo detrás de Iñaki.

Tras una serie de movimientos, todos en posición de kai-bu, el Maestro nos mandó cerrar los ojos y colocar las manos en Tan-Tien, mientras iba explicando. En ese momento nombró el Kung Fu y me pareció oír el sonido inconfundible que hace la ropa cuando alguien lanza una serie de técnicas de Kung Fu de forma rápida, fuerte y precisa delante mío, justo en el lugar en que se encontraba Iñaki y, después, que alguien se desplomaba en ese mismo sitio, pero oí al Maestro acercarse y hablar con él por lo que no me preocupé demasiado. No sé por qué, pensé “¿por qué le ha pegado? si estamos en Chi Kung”, y al oír al Maestro acercarse desde otro lado del Kwon pensé “no, no le ha pegado, ni siquiera estaba cerca, a Iñaki le ha pasado algo”.

El Maestro nos dijo que podíamos abrir los ojos y movernos y nos concedieron unos minutos de pausa. Al abrir los ojos vi que Iñaki se levantaba sin dificultad y fui hacia él para ver que tal se encontraba. Él me miró entre asustado y sorprendido y me dijo que estaba bien y echó a andar hacia donde estaba Axel, en la zona de los espejos, yo me limité a seguirle. Mientras andábamos me iba diciendo que se le había dormido la pierna de una forma muy rara, que se le había dormido desde la cadera hasta el talón, que nunca antes le había pasado y que al intentar moverla para recuperar el flujo, la pierna no le respondió, la rodilla se le dobló y se desplomó y luego no era capaz de levantarse y que cuando el Maestro le tocó, notó un calor que no era normal, me agarró del brazo y me dijo “¿lo notas? ¿notas el calor?”, respondí que sí, y él me dijo “pues era más, mucho más”. Recuerdo que pensé “vaya, probablemente no se le haya dormido la pierna, seguro que el Maestro a tenido algo que ver”, pero evité decirle algo de lo que pensaba ya que le veía muy asustado y confundido. Llegó a plantearme muy seriamente que iba a ir al médico a que le miraran la rodilla, porque lo que le había pasado no era normal; yo le dije que le veía bien, que no cojeaba y que si tuviese algo roto o dolorido en la rodilla no habría podido levantarse de la forma que se levantó (sin usar las manos ni apoyarse en ningún sitio) y, aunque leve, tendría alguna cojera o algo. Él parecía aún más sorprendido con aquella respuesta y volvió a insistir varias veces en que tenía que ir al médico, y me pedía consejo, que se le había dormido la pierna de una forma muy rara y que casi seguro que tenía algo en la rodilla porque no le respondía, y me miraba a los ojos casi buscando que le dijera que sí, que estaba muy grave y que tenía que ir urgentemente al médico, pero me limité a decir que si iba al médico con esa historia, lo más probable es que se riera de él, que era mejor dejarlo estar, a lo que, tras 15 minutos de discusión, dimos por zanjada la cuestión al entrar los maestros en el Kwon para continuar con el seminario.

También supe de otra alumna que se desplomo a llorar dentro de clase, cuando el maestro se acercó a ella y le dijo algo muy personal sobre su vida, el maestro tubo que hacer mucha fuerza para mantenerla en pie, y ayudarla a no caer, por que se desplomaba. Pero desde mi posición no pude verlo todo. Espero que alguien cuente mejor que sucedió con ella. Alguien que cuando llego al seminario el primer día estaba muy afligida, y tensa y cuando terminó el seminario estaba más calmada, hermosa y natural.


Iratxe Villar
Estudiante de medicina
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Carles Balsach



Registrado: 23 Jul 2008
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MensajePublicado: Mie Jul 23, 2008 10:51 pm    Título del mensaje: Responder citando

Hola a todos:

Soy la primera persona que salió a comprobar donde y como estaban las flechas tras el lanzamiento a ciegas del Gran Maestro Huang C. Aguilar. Alumno de la delegación de Barcelona, practico y estudio Kung Fu con el director de nuestra delegación Carlos Mora quien es alumno directo del Maestro Aguilar y novicio Budista del monasterio Océano de la Tranquilidad.

Si del que habláis en distintas ocasiones, por que me decís me quede como extrañado por lo visto. No me quedé extrañado, me quede en estado de Shock, me quedé paralizado, no era capaz de articular palabra, casi no entendía, casi no comprendía y mi cabeza iba a toda prisa mientras mi maestro, el maestro Aguilar me hacía preguntas, yo que le veía tan lejos desde siempre, tan intocable, tan inalcanzable, que al mismo tiempo me eligiera a mí en primer lugar para corroborar algo que sólo por verlo como testigo junto a mis 90 compañeros, ya te estremecía, que cuando salí, comprobé que no se veía, comprobé cual era el alcance de lo vivido, y de su significado pensé que el mundo se me había venido encima. Tuve una sensación no mala, sino tan positiva, tan enriquecedora, tan reveladora, que mi cerebro tubo que dejar de funcionar para no saltar, chillar o correr por puro estallido en mi interior. Entiendo a aquellos que antes que yo hayan dicho no quiero nombrar, calificar o dar nombre a este hombre, por que los esquemas de muchas filosofías, religiones y maestrías caerían rotas a sus pies. Así lo he sentido, me maestro me paralizó, me toco el corazón, entró en mi mente, y con suavidad y naturalidad me habló, con sus tres disparos. Todavía estoy tratando de alcanzar a entender el significado de lo que he visto, de lo que ha hecho. No conozco ni en libros, ni en reportajes, ni en escritos, ni en maestros, ni en Japón, ni en China, ni en Corea, ni en Shaolin, ni en ningún sitio que alguien sea capaz de realizar semejante, milagro, proeza, capacidad. No conozco a ningún maestro en el mundo, ni conozco referencias a que nadie hay sido capaz de alcanzar tan elevado control sobre si mismo, el aire, la energía, o lo que haga este hombre.


Creo que puedo decir, sin ofender a nadie que tuve la suerte de poder estar este seminario del 5 y 6 de julio el en Monasterio de nuestro Maestro Huang C. Aguilar, y me gustaría hablar sobre él en medida de lo posible. No voy a escribir otra vez todo lo que hizo en ese seminario, ya que está escrito muy bien descrito en cartas anteriores en este mismo post, pero corroboro todo lo que han dicho, a modo de testigo.

En cambio, me centrare en un ejercicio que hizo nuestro maestro Sifú Huang C. Aguilar, y que tuve la oportunidad de verlo más de cerca:


Lanzar flechas sin ver el objetivo, y dar en el blanco.

Durante el seminario, justo antes de un descanso, espontáneamente (no estaba programado este ejercicio) el maestro pidió dos minutos antes de realizar una de las pausas programadas en el seminario: quería mostrarnos un ejercicio Chan, algo diferente de lo que llevaba hablando durante el seminario de chi kung, para preguntarnos cual era la energía del Chi Kung, o cual era la energía del Chan que él había alcanzado a dominar. Nos pidió que por favor nos sentáramos y observáramos, apartados de él y de su objetivo: una diana situada a unos 10 metros de distancia. La luz de la sala era tenue, y apenas se podían distinguir unas pocas flechas que habían clavadas en la diana antes de que el maestro se dispusiera a lanzar nuevamente.

Su arco, de 90 libras de potencia, es capaz de atravesar la piel de un rinoceronte, y para una persona corriente es imposible de abrir, como ya ha demostrado en otros seminarios. El maestro se sentó con su arco en una reducida habitación de la sala, preparado para lanzar 3 flechas en la diana. Antes de lanzar, el maestro nos habló un poco de lo que pensaba hacer, y mientras nos hablaba disparó esas 3 flechas, en unos 15 segundos, preparando cada flecha no más de un segundo en la mano, y unos 6 segundos entre flecha y flecha.

Fue de mi sorpresa cuando me llamó para que fuera con él a inspeccionar la diana, para ver que había pasado con esas 3 flechas. Cuando estuvimos enfrente de ésta, me pidió que observara las 3 flechas, el lugar donde se habían clavado. Ante mí, vi esas 3 flechas, sin poder creer lo que estaba viendo. Quedé afectado y durante unos segundos no pude reaccionar ante lo que me pedía el maestro. Dejándome las cosas más fáciles, me pidió que con las manos enseñara a los demás el tamaño del círculo donde estaban clavadas las flechas, haciendo gestos con ambas manos. Con dos dedos bastaba. Las flechas estaban clavadas haciendo un triángulo (lo vi equilátero, perfecto) que podían caber perfectamente en el interior de una moneda de 1 euro. De hecho los cuerpos de las flechas se estaban entre tocando, levemente. Conmocionado, intenté hacer ese círculo en mis dedos, pero no pude enseñárselo a los demás. Me lo quede mirando y me dije a mi mismo: ¿Cómo es posible? No me lo creía ni yo, y no se si esperaba que los demás me creyesen, aunque después que el maestro me pidiera de nuevo, riendo, como todos al ver lo estupefacto que estaba, que no me lo quedase para mí, que se lo enseñara a los demás, lo hice.

Mostré el pequeño círculo en mis dedos al resto de los alumnos y, como yo, se quedaron atónitos al ver donde podían caber esas tres flechas. Después de eso, me mandó que me sentara, y sacó a otros compañeros para que estudiaran la diana de la misma manera que hice yo, corroborando lo mismo que dije yo.

Lo más interesante fue, cuando varios alumnos estuvieron estudiando la disposición de las flechas, que nos sacó (a los mismos que estuvimos viendo la diana) y nos pidió por favor que nos sentáramos un metro hacia delante de donde él había lanzado esas 3 flechas. Quedé impresionado cuando no podía distinguir si de verdad habían 3 flechas, 10 flechas, o si no había ninguna (ese fue mi pensamiento inicial) debido a la intensidad de la luz, que había más bien poca. Algunos se fueron hacia delante con la intención de poder ver la disposición de las flechas, pero no lo consiguieron hasta estar a un metro enfrente de la diana y forzando la vista, a duras penas.

Me apena no poder decir los nombres de los que como yo estuvieron allí observando la diana, pero al venir de Barcelona, conocía poca gente.

Para mí fue un suceso que tendré en mente durante toda mi vida, y solo con pensar que existe un hombre capaz de hacer cosas como ésta (y más) a una edad temprana como la suya, 43 años, me da un escalofrío cuando pienso que cosas podrá hacer en el futuro.
Mi maestro nos ha contado que en Shaolin desconocen la técnica del disparo con arco. Nadie en Shaolin puede competir con la habilidad que el maestro Aguilar a traído desde el pasado más puro del Budismo. China ha perdido toda tradición del verdadero conocimiento del antiguo Budismo Chan/Zen. Incluso yo me pregunto cuantos maestros, grandes leyendas del pasado Japonés han podido alcanzar tanta perfección. Y cuantos de ellos han hecho estos disparos delante de tantos testigos. Aquí 90 personas. En Alemania lo ha hecho en dos ocasiones, delante de unas 20 o 50 personas. Cuantos legendarios maestros dicen haber hecho uno solo de estos disparos una vez en su vida, delante de tan solo un invitado en la corte o delante de algún testigo. Ahora los japoneses tendrán mucho que pensar, los grandes Arqueros del presente, del futuro y del pasado tendrán mucho que entrenar. Pero creo que sus entrenamientos físicos no les van a servir de nada.

Por lo visto solo en los sermones de Buda se dice, el Buda alcanzó a cazar con una flecha objetivos similares. Pero esto solo se lo he oído decir a mi maestro Carlos Mora, que ha estudiado de su maestro. El Teólogo y antropólogo Maestro Huang C. Aguilar.

Solo quiero poder estar presente para poder seguir su camino, su enseñanza, y aprender, poco a poco de su experiencia. Sé que disfrutaré del camino, con mis compañeros y mi maestro Carlos Mora.

Me gustaría dar las gracias al Maestro Aguilar y a los miembros del Monasterio Budista, Océano de la Tranquilidad, por abrir sus puertas hacer nuestra estancia cómoda, durante los días que estuvimos alojados en la escuela del maestro Aguilar, y en el Monasterio. Por lo que estoy aprendiendo, fiel respuesta del comportamiento aprendido en un gran monasterio, de manos de un gran líder espiritual.

He aprendido mucho durante el seminario, y creo que me ha ayudado a mejorar no solo como alumno sino como persona, ya que siento que hay algo dentro de mí ha cambiado.


Gracias otra vez, Maestro.

Carles Balsach
Estudiante de ciencia.
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Gonzalo Borruel



Registrado: 30 Jul 2008
Mensajes: 2

MensajePublicado: Jue Jul 31, 2008 10:54 am    Título del mensaje: Responder citando

Hola a todos los miembros de la organización;

Me llamo Gonzalo Borruel Buetas; pertenezco a la delegación de Huesca y soy alumno del Maestro Jesús Carrasco.

La verdad es que escribir esta carta a todos vosotros se me muestra como un auténtico reto.
¿Qué decir acerca de nuestro Maestro Huang C. Aguilar? Lo cierto es que cada vez que hablo de el con alguna persona me sorprende con una nueva hazaña o acción fuera de lo normal.

Hace ya varios días tuve la oportunidad de asistir a un seminario de Chi Kung (5 y 6 de julio) en Bilbao, y bueno, ya había oído algo acerca de esos fenómenos tan extraños que rodeaban al maestro desde hacía algún tiempo. Fenómenos que al conocer me dejaban boquiabierto por su gran complejidad. Y es que es realmente impresionante que una persona pueda lograr aunar dentro de su ser una variedad y cantidad semejante de habilidades, cada cual más impresionante que la anterior.
Por desgracia, no veía al maestro desde hacía algo más de dos años, y os puedo asegurar, a los que no halláis pasado tanto tiempo seguido sin verlo, que cuando uno regresa a casa tras dos jornadas del mejor entrenamiento y comprensión a cargo de este hombre, siente que toda la energía que circula por el cuerpo salta y se alborota. Es una sensación diferente; muchos dirían…como si uno se reciclara.

Ya en el seminario pude volver a escuchar sus palabras. Unas palabras directas, cultas y ante todo contundentes que me impactaban fuertemente y me hacían comprender cosas que hasta ese momento había considerado distintas e incluso más simples. Como por ejemplo, el Chi Kung y la tremenda complejidad que entraña el hecho de transmitirlo, comprenderlo y practicarlo; porque a mi juicio es una de las prácticas más duras y difíciles que uno puede llevar a cabo debido entre otras cosas a que exige un nivel y capacidad de introspección bastante alto. Sin embargo, ahí estaba otra vez ante el, otra vez absorbiendo una pizca de su conocimiento, otra vez contagiándome de ese gran entusiasmo que transmite su presencia, otra vez descubriendo y ampliando mis limitados conocimientos hacia metas cada vez un poco más distantes.
Lo cierto es que teniéndolo ante mi, no se como ni porque, pero creo que todo lo que se cuenta acerca de sus actos “sobrenaturales” es cierto. Y es más, no me extraña que pueda hacer todo eso y no lo pongo en duda porque cuando uno se sienta bajo su mismo techo y lo escucha prestándole toda la atención comprende que es una persona distinta. Especial.

Y en el último seminario tuvimos la oportunidad de contemplar algunas de estas magníficas manifestaciones de su habilidad. Estas últimas fueron bastante impresionantes y algo de lo que mucha gente se extrañaría porque realmente son algo fuera de lo normal.
Estos hechos sucedieron la tarde del sábado.

La primera manifestación tuvo lugar de una manera casi inesperada cuando el maestro, durante una de sus charlas, se dirigió repentinamente hacia un pequeño habitáculo situado en la misma sala de entrenamiento. Yo me preguntaba a qué venía esa repentina reacción. Pero el caso es que al momento de dirigirse hacia ahí, el Maestro Huang tomó su arco y tres flechas, y apuntó hacia una diana situada a unos ocho o diez metros de distancia de su posición. De repente, disparó el primer proyectil, que impactó en un punto de la diana. A continuación, tomó la segunda flecha e hizo lo mismo con ella. Y para finalizar, dio a la tercera flecha el mismo destino que a sus dos hermanas.

Y los que lean esto y no estuvieron allí ni tampoco lo hayan escuchado se preguntarán, ¿qué tiene esto de magnífico y espectacular?
Pues lo “raro” de esto radica en que mientras el maestro preparaba y lanzaba las flechas, no paraba de hablarnos como si se encontrara en una conversación de lo más normal. Cosa bastante extraña. Además, como si fuera poco apenas se dejaba tiempo a sí mismo para apuntar hacia donde quiera que apuntara.
Y los incrédulos dirán: es perfectamente posible que los dos detalles anteriormente mencionados se den en la realidad, y es cierto. Pero es que además –y aquí se nos presenta la auténtica virtud del Maestro-, cuando un alumno de Barcelona salió a ver la diana con el, pudo observar que las flechas se encontraban clavadas en una perfecta unión entre las tres, de un extremo a otro, en lo que era un punto de encuentro por sus respectivas puntas de, aproximadamente, menos de un centímetro de diámetro.
En ese momento, nos quedamos bastante extrañados y sorprendidos. Nuestro maestro lo había vuelto a hacer. Había vuelto a lograr algo que parece imposible.
Tras esto, salieron varios voluntarios a comprobar lo dicho acerca de las flechas (entre ellos mi compañero de entrenamiento y amigo, Alejandro)…y era cierto. No había lugar a dudas acerca de que lo acontecido era verdad.

A parte de esta demostración de habilidad y agudeza mental, pudimos presenciar la exhibición de Chi Kung; en la que realizaron distintos rompimientos de ladrillos contra diferentes partes de su cuerpo. Y tuvimos la oportunidad de ver algo que también nos dejó anonadados, cuando el Maestro Aguilar dobló una lanza hincada en el suelo, empujándola mientras la punta de la hoja del arma presionaba su traquea, para después romper dos ladrillos en su espalda aguantando la compostura.

Más tarde ese mismo día, y como broche de oro para finalizar la jornada, el maestro hizo una ofrenda a los presentes que lo desearan regalando parte de su energía interna. Una ofrenda a la humanidad.

Esta, a mi juicio, fue una de las partes más emotivas del seminario porque demostró un gran esfuerzo por su parte, y a mí entender, debió quedar agotado después de ese esfuerzo.
Uno a uno, muchos fuimos pasando ante su púlpito y, arrodillados ante el, recibimos ese gran regalo. Incluso un hombre acercó un bebé para que este último recibiera y se beneficiara del gesto del maestro. Y hay que reconocer que era impresionante y a la vez muy agradable verse en esa situación. Cara a cara con el maestro en una demostración de humanismo y generosidad total.
Cuando nos encontrábamos ante el, realizaba diferentes ejercicios de Chi Kung y daba la impresión de que canalizaba toda su energía por el brazo para soltarla durante el contacto de sus dedos con nuestro cuello y nuestro pecho. Lo cierto es que la sensación experimentada se asemeja bastante a una especie de “golpe de calor” en la zona que entra en contacto con el Maestro. Y no se si será por la sugestión, por los nervios, o por su tremenda energía pero me sentía, de repente, con unas impresionantes ganas de entrenar para hacer brotar ese pequeño gran regalo.

Ahora me encuentro en mi pueblo (Barbastro) y muy recientemente he recibido la llamada del Maestro Carlos Mora presidente de la delegación Catalana de la organización Oceano de la Tranquilidad, quien desde Barcelona me comentaba una cosa que me ha dejado algo perplejo. El bebé al que he hecho mención anteriormente es, desgraciadamente, sordo y ciego. Al recibir esta noticia por parte de Carlos me he apenado bastante. Pero cual ha sido mi sorpresa al saber que, al acercarse al Maestro Aguilar y entrar en contacto con el, el niño abrió los ojos y dejó de llorar mientras tocaba la mano del maestro.
Realmente es impresionante porque cuando uno escucha algo así puede pensar que es casualidad; pero quien se preocupe de indagar un poco más acerca de lo que sucede o está sucediendo alrededor de esta persona, verá que tantas cosas y sucesos impresionantes no pueden ser mero fruto del azar porque cuando algo sucede en una ocasión aislada puede llamarse casualidad, pero el Maestro Aguilar sostiene que debemos tener criterio y ser “científicos”. Y por tanto, cuando un hecho o hechos se repiten de forma periódica y casi constante, nuestro criterio y nuestro sentido común nos dicen que es cierto y que no hay lugar a dudas de que lo presenciado es cierto. Es… Chan.

Y que más decir acerca del Maestro Huang C. Aguilar.
Pues simplemente que personas como esta son las que hacen que uno comprenda que el límite en el ejercicio no se encuentra en el mero cansancio…sino en la imposibilidad.
Estoy seguro de que así fue como se forjó el guerrero y guía que es hoy en día.


Saludos cordiales al Maestro Huang Aguilar, al Maestro Carlos Mora y a todos los miembros de la organización. Y gracias a Maestro Jesús Carrasco por acercarnos a mi y a mi amigo Alex al mundo del Kung- Fu y servirnos de puente para conocer Bilbao y el tesoro que contiene, el monasterio budista Océano de la tranquilidad.

Gracias por este fin de semana.

Gonzalo Borruel Buetas.


Estudiante de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEFC de Lleida.)
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Alejandro Torres



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MensajePublicado: Jue Jul 31, 2008 11:59 pm    Título del mensaje: Responder citando

Saludos a todos los miembros y compañeros del monasterio Océano de la Tranquilidad

Me llamo Alejandro Torres Grande, tengo 20 años y hace 5 que practico kung fu. Pertenezco al igual que mi amigo Gonzalo a la delegación de Huesca con mi maestro Jesús Carrasco.

Siempre he leído y visto en revistas, libros, documentales y demás material, cosas sobre el Chi Kung, el Kung Fu y todo lo relacionado con Shaolin. Siempre he odio sobre las muchas leyendas que hablan de los grandes poderes místicos de estos legendarios maestros, ya que en la actualidad Shaolin esta reducido a un mero lugar turístico, que reparte un gran número de equipos de atletas vestidos de monjes realizando Shows circenses por todo el mundo. Sin embargo el Maestro Huang C. Aguilar por lo que veo, he leído y dicen muchos, ha trascendido a los propios poderes de los legendarios Monjes de Shaolin, de otras épocas, y lo ves en persona, cuando tienes la oportunidad de conocerlo, te das cuenta de la magnitud, del esfuerzo, sacrificio y claridad mental que ha debido de experimentar este Maestro, para alcanzar a controlar tales fuerzas místicas y físicas del ser humano. Por lo que estoy empezando a conocer, me estoy dando cuenta ahora de la magnitud y significado de que un ser humano haya obtenido tales increíbles resultados. Tantas capacidades que en la antigüedad aparecían dispersas en distintas épocas y en distintos maestros, ahora en el siglo XXI aparecen muchas, muy distintas y de muy distintos campos en un solo Hombre reunidas.

Y fue durante mi estancia en Bilbao los días 5 y 6 de Julio cuando tuve oportunidad de ver y experimentar de primera manos de un maestro que ha superado las capacidades propias de los grandes maestros del verdadero Chi Kung. Calificar el seminario es imposible, ya que aunque el seminario versaba sobre “CHI KUNG” era inevitable que siendo como es el maestro Aguilar un ser especial aparecieron durante el seminario varios gestos y hechos que demostraban que había una fuerza superior a la que yo creía hasta ahora una de las más especiales, elevadas y espectaculares. Sus explicaciones sobre el Chi Kung, fueron muy claras, fuera mitos, fuera mentiras, solo Chi Kung auténtico enseñado por un auténtico maestro en dicha disciplina, y además una explicación de lo que es realmente el Chi Kung, del origen etimológico de ambas el término “Chi Kung”. Varias conclusiones sobre el Chi Kung, todas sorprendentes, algunas evidentes y otras no tanto, el Chi Kung según el maestro Aguilar, es trabajo duro, entrenar humildemente sin pretensiones descabelladas y siempre definiendo claramente que es lo importante para ti, sin competir nunca contigo mismo ni contra los demás.

Todas estas conclusiones se reflejan fielmente en el maestro Aguilar, lleva muchos años entrenando muy intensamente y además demuestra tener una facilidad de comunicación propia solo de los grandes maestros que comprenden profundamente la materia que están impartiendo, eso se nota. Lo que yo no acababa de comprender, como creo que muchos de los presentes, mas de 90, es esa otra capacidad superior que el maestro tiene, domina o ha alcanzado a tener. Una capacidad para la que todavía no estoy preparado para entender. Quizás mi cerebro necesite varios meses y varias explicaciones de alguno de los maestros Monjes del Monasterio Océano de la Tranquilidad, para comprender quién es el Maestro Aguilar.

Durante el seminario tuvimos oportunidad de ver lo que el maestro es capaz de hacer con el trabajo de Chi Kung y sus control sobre dicha materia, únicamente pueden ser definida como increíble. Entre ellos el ejercicio de Chi Kung Camisa de hierro de doblar una o dos lanzas con la traquea, y rompimientos de ladrillos sobre las tibias.

Para alguien como yo, que ve muy de vez en cuando al maestro Aguilar, resulta increíblemente impactante ver lo que el maestro es capaz de hacer. Yo personalmente siendo testigo en dos días de tantas cosas, he necesitado luego un periodo de reflexión y de comprensión de lo que uno ha visto y experimentado. No quiero ni pensar que puede suponer para la mente de aquellos que han visto, sentido y experimentado no dos o tres, sino diez o veinte, de estas capacidades, o capacitaciones, y no en dos días sino en diez o veinte años de convivencia, a diario con el maestro Huang C. Aguilar.

Aquella mañana, tras el descanso el maestro nos planteó un reto, una pregunta a todos los que allí estábamos. Tras hablar de lo que era y no era el Chi Kung, nos dijo, que había otra energía superior que al parecer pocos hombres en la historia han alcanzado a obtener. Todo sucedió así:

Todos nos dirigíamos fuera de la sala de entrenamiento, cuando repentinamente el maestro nos pidió que nos acercáramos a donde él estaba, pude ver como cogía su arco y a continuación tres flechas. Yo dado mi desconocimiento sobre todo lo que acontece a diario en el monasterio Océano de la Tranquilidad, no podía si no preguntarme que es lo que el maestro quería hacer. Yo desconocía que el Arco era el símbolo del Maestro Chan/Zen, y que eso se podía demostrar. Ya que solo practico Kung-Fu en mi delegación, desconocía que el Arco dentro del monasterio Océano de la Tranquilidad es uno de los símbolos Budistas principales, y que existen especiales ceremonias que son realizadas con las flechas en fechas señaladas dentro del Monasterio. Tampoco sabía que el maestro lleva más de veinte años practicando el disparo tradicional de Arco, y que al igual que en el Chi Kung, es un maestro en esta tan difícil disciplina.

Arrodillado en una zona reservada exclusivamente para el maestro, donde recibe a sus invitados a tomar té, para mi asombro y para el asombro de los que al igual que yo desconocíamos este hecho, lanzó una flecha a la diana que estaba situada al fondo, a unos 12 metros de distancia mientras que de manera cotidiana, natural y siguiendo con sus explicaciones, mantenía un diálogo con todos nosotros. Acto seguido cogió otra flecha, ésta voló rauda hacia la diana e impactó en ella, la tercera flecha tuvo el mismo camino, mientras no dejaba de mirarnos y explicarnos lo que hacía, lo que era Chi Kung, lo que no, y nos preguntaba que energía estaba usando para lanzar las flechas, Ya que el Chi Kung solo alcanza al plano del cuerpo, no de la materia, y mucho menos a la materia situada a 12 metros de distancia, o a una flecha que vuela a unos 200 kilómetros por hora.

Desde donde estábamos a tan solo 6 metros de distancia de la diana, no se podía ver donde habían impactado ni tan apenas el resto de flechas que había clavadas en la diana ya que la sala estaba bastante oscura. A continuación varios voluntarios salieron ,unos tres me parece recordar, a ver la diana de cerca acompañados del maestro Aguilar, lo increíble vino al ver el gesto de uno de ellos y la expresión de confusión de los demás que quizás no entendían como lo había hecho, el alumno llegado de Barcelona usó sus dedos para describir el espacio en el que habían impactado las puntas de las tres flechas, el resultado increíble, tres flechas en un círculo de un centímetro, a oscuras y sin ni tan siquiera apuntar. A continuación cuatro personas más las tres anteriores, entre ellas yo, salieron a mirar desde la posición en la que lanzó e intentaron ver donde estaban clavadas, y si era posible ver bien la diana, yo mismo pude verlo, no conseguía ver de ninguna manera esas tres flechas. Tengo que decir que me impresionó realmente lo que pude ver, o mejor dicho lo que no fui capaz de ver, en alusión a las tres flechas. Al principio no podía entender cómo lo había hecho, cómo había sido capaz de hacer algo así¡, incluso ahora me pregunto cómo pudo hacerlo de improviso, solo encuentro una explicación, que el maestro a obtenido unos planos de comprensión sobre la energía no del cuerpo sino de la materia, del aire, del vacío o del todo, que deja a todos los maestros de distintos campos, Chi Kung, Arco, Kung-Fu, Tai Chi, Budismo, etc. en un nivel tan inferior, que o no les llamamos maestros, o simplemente, llamamos Buda a este hombre.

Realmente impresionante. Pero no hubiera sido tan impresionante si no fuera por todo lo que dijo antes de aquello, por todo lo que nos enseñó, por tratar de inculcarnos la auténtica tradición, y por el error de catalogar estas cosas como hacen muchos dentro de un campo exotérico, sino dentro de un campo espiritual, místico y al mismo tiempo científico, basada en un método descrito por los antiguos Budas. Dichos conocimientos creo ahora que son visibles, patentes y las podemos sentir a través de sus acciones.

La mañana de ese primer día fue algo impresionante, por todo lo que vimos y por todo lo que aún nos quedaba por ver, ya que a la tarde seríamos testigos de el ejercicio de la lanza en la traquea que realizó el maestro Aguilar y una ofrenda de Chi kung para todo aquel que quisiera recibirlo del maestro. El ejercicio de la lanza fue una demostración voluntad, poderío y control del Chi Kung por parte del maestro, como no se ha visto, en otros artistas marciales, ni siquiera de Shaolin. Todos nos quedamos con el corazón en un puño en el momento en el que la lanza se dobló y los ladrillos estallaron literalmente en su espalda, un momento para el recuerdo y otra hazaña más que no tiene aparente explicación, ya que seguramente cualquier otra persona que lo intentara tendría que ser ingresada en el hospital al instante, uno puede creer las cosas sin más en un acto de fe, o puede verlo y aun así no saber muy bien como es capaz de hacerlo, pero el caso es que el maestro lo hizo delante de todos nosotros, dejándonos estar tan cerca como pudiéramos, a escasos dos metros en algunos casos. Sin las trampas típicas de los que realizan estas pruebas en circo con la pretensión de dar espectáculo. Creo ahora que al ver su cuerpo, al ver su concentración, al oír su respiración, entiendo, comprendo y valoro aun más todo sobre lo que desde hace años he leído. El gran dominio de la técnica del Chi Kung del maestro están ahí para todo aquel que quiera verlo y sentirlo en su propia carne.

Ahora entiendo que tantos lo critiquen, las personas critican lo que no entienden y lo persiguen por que tienen miedo. Creo que muchos de esos maestros que no han alcanzado ni tan siquiera un diez por ciento de la capacidad que posee el maestro Aguilar solo piensan en que el maestro Aguilar simplemente desaparezca de la escena profesional. Que desaparezca o que no haya nacido. No quiero ni pensar que pasará en el futuro cercano cuando descubran que su control sobre el Chi Kung esta superado por otras técnicas que quizás solo él ha llegado a comprender, controlar o ver.

Aunque para mi mente también cueste creerlo, sucedió y eso no se puede cambiar, solamente me queda mostrar mi admiración por el maestro y mi deseo de aprender más cada día sobre el Chi Kung que él nos está legando como un tesoro que debemos guardar y cuidar.

Creo por lo poco que sé de Budismo, que en todos los monasterios se encuentra algun objeto importante o reliquia del pasado y que hace que dicho lugar sea un lugar especial para los creyentes. Lo mismo pasa con los católicos y los Musulmanes. Ahora entiendo que dentro de este humilde Monasterio, Océano de la Tranquilidad se encuentra una gran reliquia, un gran tesoro. Lo malo para la teología es a mi juicio que esa reliquia, tesoro esta viva. Es el maestro Aguilar.


Mis mejores deseos y gratitud para el Maestro Aguilar y para todos sus novicios y monjes formados por él, por hacer nuestra estancia allí más fácil y a todos los compañeros que asistieron en especial a los de Barcelona con los que pudimos convivir esos dos días. Y en especial a mi maestro Jesús Carrasco Alumno directo del maestro Huang C. Aguilar desde hace años, por darnos la oportunidad y enseñarnos desde hace tanto tiempo.



Alejandro Torres Grande.
Técnico Superior en Automoción
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